Benidorm

Opinión.- WATERLOO por Palazón

Waterloo

Es un municipio belga a veinte kilómetros al sur de Bruselas que, en la actualidad, tiene más de 30.000 habitantes; pertenece al Brabante valón y su idioma oficial es el francés. La población nativa se ve incrementada durante todo el año por numerosos extranjeros que trabajan en las instituciones europeas sitas en la capital belga. Por aquellos parajes habita desde hace varios años uno de los personajes más controvertidos de la actualidad: Carles Puigdemont, el prófugo, con dos de sus coleguillas. Pero hoy no me interesa hablar de él ni de dónde saca el dinero para mantener el tren de vida que lleva ni si por fin la justicia lo podrá aprehender o seguirá impune saecula saeculorum.  En Waterloo hay un monumento (el famoso león) y un pequeño museo que nos recuerda la caída del imperio napoleónico hace más de dos siglos: la derrota de Napoleón Bonaparte por los países aliados (junio de 1815).  Lo que persigo con el artículo de hoy es dar una lección de etimología y de  pronunciación a nuestros locutores y a toda la población española en general (a los periodistas que escriben no se les nota). Atención: no se pronuncia Waterlú, porque el origen del término no es inglés sino neerlandés; y se pronuncia Waterloo o, si acaso, Baterloo (con las dos “oes”). Water significa agua, algo húmedo en este caso, y loo, claro de bosque; la aldea originaria estaba situada en un claro pantanoso del bosque conocido como Forêt de Soignes. Quiero pensar que nuestro Puigdemont lo habrá aprendido a pronunciar correctamente; si no, más le vale.