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Sanchez aparca Cataluña y busca una fórmula para remontar al PP

Por primera vez desde que está en La Moncloa Sánchez se ve por detrás de Casado en las encuestas

Víctor Ruiz de AlmirónVíctor Ruiz de Almirón

MADRID 

Actualizado:02/08/2021 

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Pedro Sánchez cierra mañana formalmente el curso político con el tradicional despacho con el Rey en Marivent. Lo hizo de forma oficiosa la pasada semana con su comparecencia de balance en La Moncloa y con la Conferencia de Presidentes del viernes en Salamanca.

Al contrario que en anteriores veranos, este despacho no se sitúa en mitad del parón estival del presidente del Gobierno. Sino que se ha situado como punto final de unos últimos días con varios hitos importantes. Una sucesión de focos para poder despejar tres semanas seguidas en el calendario enfocadas a su descanso vacacional. Se ha buscado de forma deliberada un parón prolongado tras un julio muy intenso. La agenda del Gobierno se retomará

 el 24 de agosto con el primer Consejo de Ministros. Pedro Sánchez arrancará ese día una gira por Kenia y Egipto. Y se abrirá un curso político que Sánchez quiere que esté centrado en el crecimiento económico pospandemia.

En este curso quiere oír hablar de Cataluña lo mínimo imprescindible. Tras conceder los indultos, el presidente entiende que su posición negociadora se ha reforzado y quiere dormir el conflicto. Quiere que la negociación con Cataluña se base en cuestiones económicas y sociales. Y se apoya para ello en las urgencias que ha dejado la pandemia. En septiembre está comprometida una reunión de la mesa de diálogo. Pero el Gobierno no tiene ninguna prisa. Hoy se reúne la comisión bilateral, la contemplada en el Estatut, y ahí se abordarán asuntos que tienen que ver con transferencias competenciales. Para Sánchez ese marco es asumible. Mientras que el identitario le es más problemático.

La derecha se reagrupa

El ritmo político se derrumbará las próximas semanas tras un año marcado por la segunda etapa de la pandemia y con un último semestre de una enorme intensidad. El 10 de marzo el PSOE y Ciudadanos presentaban una moción de censura en la Región de Murcia para arrebatar el Gobierno al Partido Popular. El fracaso de la operación agrietó las diferencias ya existentes entre los dos núcleos de poder en torno a Pedro Sánchez. Isabel Díaz Ayuso respondió convocando elecciones en la Comunidad de Madrid. Pablo Iglesias abandonaba el Gobierno para ser candidato en esas elecciones. A todo ello hay que añadir que se celebraron elecciones en Cataluña el 14 de febrero.

Sánchez sale de todo ese trance con luces y sombras en su cuenta. El PSC ganó las elecciones catalanas con la operación de convertir al ministro de Sanidad, Salvador Illa, en su cartel electoral. Pero ambos eventos electorales han provocado el hundimiento casi definitivo de Ciudadanos. ¿Y eso es malo para Pedro Sánchez? Ellos podían pensar que no. Pero la realidad es que puede ser determinante para el futuro político de Sánchez y su continuidad en La Moncloa.

El PSOE lleva tiempo anhelando entrar en ese espacio de votantes. Pero, como ya sucedió en la repetición electoral de noviembre de 2019, los sucesos de 2021 han demostrado que la formación que Albert Rivera llevó a sus máximos hace dos años se cimentaba sobre una base electoral que rechaza de forma muy rotunda al actual presidente del Gobierno. Y es por eso que el trasvase de votantes se ha activado de forma masiva hacia el PP. Ni siquiera en Cataluña, donde su composición electoral era diferente, consiguió Illa capturar al electorado naranja de forma relevante. Su victoria se cimentó especialmente en una participación mucho más baja que la de los últimos años. Lo seguirá intentando. Pero, lo dicho, el electorado de Cs en Cataluña no es en cualquier caso el que llegó a ser en el resto de España. Todos los errores estratégicos del PSOE en los últimos tiempos tienen que ver con no entender a Ciudadanos.

Remontar

El balance global no es positivo para los intereses de Sánchez. Una densa niebla nubla su futuro a medio y largo plazo. Esa concatenación de hitos políticos tuvo su punto culminante en la noche del 4 de mayo. Y la consecuencia es que, como han ido ratificando después los sondeos, la derecha se reagrupa en torno al PP. Sus votos pasan de estar divididos en tres partidos de corte mediano (PP y Cs) y pequeño (Vox) a hacerlo en uno grande (PP) y otro mediano (Vox). Y esto en España lo cambia absolutamente todo. El efecto que se genera en las circunscripciones electorales que forman las provincias se avecina tormentoso para el PSOE. Con el PP primero y Vox tercero en buena parte de ellas a la derecha le empiezan a encajar las piezas del puzle.

Por primera vez desde que es presidente, Pedro Sánchez no tiene que conservar la ventaja, sino recuperar terreno. Y eso en un carácter y un estilo político como el suyo anticipa que no se quedará de brazos cruzados. La profunda crisis de Gobierno del pasado 10 de julio es el primer acto de su respuesta.

Adiós al efectismo

En ese nuevo enfoque Sánchez quiere más política y menos espectacularidad. Veremos si lo logra. Tras tantos años abonado al efectismo se antoja difícil una conversión total. Sin Iván RedondoCarmen Calvo y José Luis Ábalos el presidente se queda sin cortafuegos. Pero también sin recurrentes focos de conflictos a causa de estrategias o declaraciones desafortunadas. El nuevo Gobierno es más orgánico, piensa en el PSOE de los próximos años, pero con menos peso político. Todo lo bueno o lo malo que le pase al Gobierno el próximo año va a tener a Sánchez como protagonista.

Su nuevo equipo quiere potenciar la idea de gestión e institucionalidad frente a la oposición. Y aquí la estrategia respecto a Cataluña es bien sencilla: que no pase nada. Los socialistas creen que los indultos les cierran cualquier ambición de captar electores a su derecha. Pero creen que el clima de opinión ha ido mejorando y que en la izquierda la aceptación terminará siendo mayoritaria. Llegar al próximo ciclo electoral con la crisis catalana amortizada, sin que el independentismo haya perpetrado un nuevo intento de ruptura unilateral. Ese es el objetivo.

Sánchez quiere hablar de vacunación, de economía, de cambio climático… y de poco más. Su objetivo de una legislatura larga hasta finales de 2023 pretende agotar el cambio de ciclo que está situando a la derecha en cabeza. En La Moncloa confían en una recuperación económica intensa que se empiece a sentir de inmediato en niveles macroeconómicos. Pero se necesita tiempo para que llegue a la economía real. Del mismo modo necesita que pase el tiempo en Cataluña sin que la situación vuelva a tensarse. Los socialistas están convencidos casi más de esto que de lo relativo a una recuperación económica que sigue muy dependiente de si la etapa de convivencia con el virus se enquista. Tiempo para recuperar el aliento tras un curso que ha cambiado la legislatura.

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