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Ya hay españoles de segunda

Sánchez prima el sentir de la mitad de una región sobre el de la mayoría del país

Luis VentosoLuis Ventoso

Actualizado:23/06/2021 08:21

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Por una vez, ella superó esa curiosa aversión que le provoca el personaje -que se exacerba cuando el susodicho adopta su vocecilla melosa- y permaneció conmigo viendo el discurso de Sánchez mientras comíamos. Alocución a las puertas de La Moncloa para comunicar y justificar los indultos. Muy breve, para lo que son sus plúmbeos parámetros, y sin preguntas. Peroraba Sánchez con rostro solemne: «Los indultos afectan a nueve personas. Pero el Gobierno de España piensa sobre todo en los cientos de miles de catalanes y catalanas que se sienten solidarios con quienes están presos. Y también piensa en otros que en Cataluña y en el resto de España no respaldaron sus actos, pero creen que ya cumplieron suficiente castigo». Y entonces ella me dijo sucintamente: «Ya está: españoles de primera y de segunda. La opinión de unos importa. La de los otros, no». Lo clavó.

Al esgrimir como principal justificación que el Gobierno atiene a los simpatizantes de los nueve delincuentes, Sánchez viene a decir que la opinión de la mitad de los catalanes importa más que la de la mayoría de los españoles, que según todas las encuestas rechazan los indultos. En las últimas elecciones catalanas, de bajísima participación (51,2%), solo votaron 2,8 millones y ganó un partido no independentista, el PSC. Los separatistas (ERC, Junts y CUP) sumaron 1,3 millones de votos. ¿Por qué el sentir de esas personas ha de primar sobre el de la mayoría de los españoles? Con su actuación, Sánchez consagra que en España existen dos categorías de ciudadanos: la VIP, los catalanes, cuya sensibilidad pesa más y con los que la justicia debe quedar en suspenso si no les gusta; y el resto, los vulgares paisanos de Galicia, León, Madrid, Murcia, Aragón, Andalucía… a los que solo nos toca achantar y ver los toros desde la barrera mientras nuestro Gobierno negocia el futuro de España en una mesa bilateral con una tropa que lleva al orden del día ‘la autodeterminación’. Un disparate.

Aprobamos los indultos «por razones de utilidad pública», alega Sánchez. No, pues los receptores de la gracia ya la desprecian abiertamente y no descartan un nuevo desafío. ¿Utilidad pública? Al revés: el Estado será más débil cuando le vuelva a tocar defenderse. «Tienen que ver con la necesidad de restablecer la convivencia en la sociedad catalana y en el conjunto de la sociedad española». No, Sánchez, no. El resto de los españoles convivimos estupendamente. Esta crisis nace exclusivamente en Cataluña, inventada allí por un movimiento antiespañol, insolidario, mendaz y más bien xenófobo. «El Gobierno no pone en cuestión la sentencia del Supremo». Falso. Directamente se la fuma, dejando por los suelos a nuestro máximo órgano judicial ante la mirada extranjera y desoyendo expresamente su informe contrario a los indultos.

Nos obligan a engullir una rueda de molino (y al estilo de la casa, sin aceptar siguiera preguntas y un debate previo en el Parlamento). Pero al menos déjennos el pequeño consuelo de indicar que no somos imbéciles: esto es un abuso contra la soberanía nacional, que reside en el pueblo español.

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