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Todos menos tú


OPINIÓN

Todos echamos de menos al presidente del gobierno. O al menos, yo. Porque Colón era una unión de la población civil como cuando Atocha, pero con la diferencia de que ahora el Gobierno está en el monte, soltando delincuentes, en lugar de persiguiéndolos

José F. PeláezJosé F. Peláez

Actualizado:14/06/2021 

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«Nietos de toreros disfrazados de ciclistas, ediles socialistas, putones verbeneros, peluqueros de esos que se llaman estilistas, musculitos, posturitas, cronistas carroñeros». Como en aquella canción de Sabina. Estábamos todos menos tú, Sánchez, que, por mucho que lo intentes, no vas a convencernos de que aquello era un Valle de los Caídos con algunos añadidos de última hora. Muy al contrario, si Colón recordaba a algo era a un «Miguel Ángel Blanco» pero sin el PSOE, una reivindicación de la democracia, de la constitución del 78, de la fraternidad, del reencuentro, del consenso y de la concordia en la que estábamos presentes todos menos los socialistas. Bueno, eso no es del todo cierto. Por Serrano aparecía un señor con una pancarta

 en la que se podía leer: «Yo, votante del PSOE, al pueblo pido perdón y al Gobierno dimisión». Dice mucho de él y poco del resto, que aún nos tienen que explicar sus conversiones paulinas al son del látigo del arriero de La Moncloa.

Todos echamos de menos al presidente del Gobierno. O al menos, yo. Porque Colón era una unión de la población civil como cuando Atocha, pero con la diferencia de que ahora el Gobierno está en el monte, soltando delincuentes, en lugar de persiguiéndolos. Personalmente me tranquilizaría mucho que el Gobierno hubiera estado en Colón junto a nosotros, los demócratas, y contra los fascistas esos que tiene como socios. Dormiría mejor si el consejo de ministros estuviera con la ley y no en su contra. Descansaría a pierna suelta si el ejecutivo estuviera con las instituciones y no en guerra permanente contra ellas. Sería un hombre feliz si Sánchez respetara al Supremo y no se lo pasara por el forro. Pero con estos bueyes tenemos que arar.

Y echamos de menos al PSOE, sobre todo, porque la derecha no sabe manifestarse. La gente bajaba por Génova como si fueran exploradores, recorrían el paseo de Recoletos con cara de sorpresa, se acercaban por Jorge Juan y por Goya con las miradas perdidas, como si fuera su primera vez y en el fondo les diera vergüenza, como buscando el manual de instrucciones, el libro de ‘manifas para dummies’ y como si, de algún modo, estuvieran haciendo algo malo. Una cosa extraña, vaya. A algunos se les veía descolocados como a un mediocentro uruguayo en el ballet. Desde luego, las señoras que yo tenía al lado quizá no hayan hecho algo más arriesgado desde la conga de la comunión de su nieto el pequeño. Movimientos erráticos, pasos en falso, desconcierto. Y aplausos, muchos aplausos. A Olona, a Monasterio, a Espinosa, a Abascal. A Casado, a Almeida, a Ayuso. Aplausos para todos. Y España, mucha España. Y sol, mucho sol. No recuerdo haber pasado más calor desde aquella Velá de Santa Ana en la que hice mi entrada en Triana con manga larga y una rebequita al hombro por si luego refrescaba y uno subió a casa y me bajó un polvorón. En fin.

Y eso que, como los barones, yo también tenía varias excusas preparadas para no tener que venir, pero no han colado. La mejor de todas, la de Mañueco, que excusó su presencia porque había no sé qué fiesta en Salamanca. Esa no se me había ocurrido ni a mí. En general, yo voy a donde me da la gana, no necesito poner excusas, pero, desde luego, tampoco necesito el permiso de la izquierda para defender a mi país donde lo considere. También es cierto que yo nunca he sido uno de los nuestros y basta que Vox me diga que quien no vaya a Colón es un rojazo para quedarme en casa, que por cierto, es lo suyo. Porque la derecha en la que yo creo, a la una de la tarde de un domingo está en misa. O con un negroni en la mano y unas aceitunas, o tomando el sol en el yate o preparando un pollo al limón. Pero esto de irse de manifa a 30ºC y con resaca no me parece serio. Habrá de decirle a Rosa Díez que la próxima, mejor en Burgos en octubre.

Desde luego, había más banderas de España que en Lepanto. Bueno y de Baleares, y de Cataluña, y de la Legión y la Cruz de San Andrés. Banderas de todo tipo porque esto no es contra media España. No es contra la izquierda. Ni si quiera es contra el PSOE. Es contra ti, Sánchez, que, en lugar de proteger la democracia, liberas a los que se levantan contra ella. Esto es contra Junqueras, que va a tener que soportar la vergüenza de ser un indultado más, como ‘El Lute’ pero en fascista.

Y esto no lo digo yo, esto lo decían los presentes, que yo puse la oreja en los corrillos de las familias… Y es que la derecha, a las manifas va en familia y hasta con el perrillo faldero. Porque fascistas no habría, pero pijos vi unos cuantos. Representados todos los tonos de rubio, todos los fenotipos, ahora se diferenciar el pijo Pozuelo, del pijo de El Viso, el estilo Serrano y hasta el estilo del barrio de Justicia. Y a mi se me nota que no. Imagínense hasta qué punto que luego entré en un bar del barrio de Salamanca para escribir esta croniquilla y un señor me pidió una caña en una terraza. Como soy un tipo muy dispuesto se la saqué. Antes a un columnista de ABC por aquí le hacían reverencias. Ahora le piden unas bravas. De cualquier modo, lo mejor de una manifa es cuando termina y te pones la Eurocopa con la sensación del deber cumplido por dentro y por fuera. Por dentro, por estar en el lado correcto de la historia. Y por fuera, por este moreno de Colón, que no veas en provincias lo que farda

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