Uncategorized

Confusión y desconcierto en Europa: España tiene que explicar los indultos tras tres años denunciando la gravedad del 1-O

PREMIUM

  • PABLO R. SUANZESCorresponsal@SuanzesBruselas

Actualizado 

Ver 13 comentarios

España hace todo lo posible por conseguir el arresto y entrega de Carles Puigdemont y el resto de fugados. Por eso otorgar indultos ahora va a ser complicado de vender

Carles Puigdemont, en rueda de prensa en Bruselas.
Carles Puigdemont, en rueda de prensa en Bruselas.EFE | EPA

Confusión. Las palabras que mejor definen los análisis y las preguntas en Europa estos días son confusión y desconcierto. Pocos, muy pocos, han entendido algo de lo ocurrido en los últimos cuatro años de crisis catalana. Europa no conocía nada bien la realidad de una Comunidad que pensaba homogénea, monolingüe y casi unánimemente independentista. No comprendieron por tanto los resultados electorales que dejaron a Ciudadanos como fuerza más votada. No entendieron lo ocurrido el 1 de octubre y el desafío legal cuando los mensajes institucionales desde todo el continente habían sido casi unánimes: nada fuera de la Constitución. Pero tampoco entendieron la reacción policial, las consecuencias políticas y penales ni las condenas. Y ahora, mucho menos, entienden los indultos cuando un porcentaje gigantesco de la población, los gobiernos y las instituciones casi se habían olvidado del tema.

Durante los últimos tres años y medio, el aparato del Estado en España se puso en marcha para combatir la exitosa narrativa independentista. Se movilizaron a todas las embajadas, a todos los políticos, diplomáticos y funcionarios, a centros de análisis y patronales para combatir una visión de parte que se imponía por incomparecencia histórica. Hubo documentos, vídeos, reuniones, convocatorias a los medios, actos bilaterales, lobby como nunca antes. España dijo en todo el planeta que lo ocurrido era el mayor ataque a la democracia en cuatro décadas, hechos gravísimos y que requerían el tipo de solidaridad y contundencia que se vio cuando nadie, absolutamente nadie, se dignó a girar la cabeza ante la proclamación de la República.

España hizo además, y sigue haciendo, todo lo posible por conseguir el arresto y entrega de Carles Puigdemont y el resto de fugados de la Justicia en media docena de países. Por eso otorgar indultos ahora va a ser complicado de explicar y de vender.

EL MUNDO ha consultado a una docena de fuentes diplomáticas y comunitarias para saber cómo interpretan la posible concesión de indultos. El resultado es que una parte de ellas, muy bien informadas, no sabían nada del tema. Y entre el resto primaba la sorpresa. Por un lado, porque el tema había quedado tan enterrado que no sabían el estado de la cuestión. La crisis catalana tuvo su apogeo a finales de 2017 y principios de 2018, pero nunca la repercusión ha sido igual. Ha quedado sepultada junto a decenas de otras causas, salvo en momentos puntuales, como la decisión del TJUE que llevó a la recogida de las actas de eurodiputados o algunos eventos judiciales. Ahora estaba olvidada, muy olvida. La pandemia lo ha monopolizado todo y el propio Puigdemont ha tenido un perfil bajísimo durante muchísimos meses.

Las condenas a los líderes del ‘procés’ resultaron muy incómodas en la UE

Pero también sorpresa por la falta de consistencia del relato. La UE como tal no se tiene que pronunciar sobre los indultos. Cuando se les pregunte responderá que es una decisión de cada país y su sistema jurídico y recordará lo que ha dicho siempre de respetar los marcos constitucionales. La idea sigue siendo la misma para todos los líderes, aunque lo repitan menos: nada fuera de la Constitución, pero también usar la fuerza de los argumentos y no el argumento de la fuerza, como zanjó el ex presidente del Consejo Europeo Donald Tusk.

Arancha González Laya, antes de recibir el miércoles a su homóloga belga Sophie Wilmès.
Arancha González Laya, antes de recibir el miércoles a su homóloga belga Sophie Wilmès.EUROPA PRESS

“Indultar puede ser lo razonable, no soy experto, a mí me parece una salida o un intento, pero tanto si lo hacen como si no, el debate que se ha abierto deja en evidencia el énfasis con el que se movilizó todo hace dos años. Si fue tan grave, ¿ya está pagado?”, se pregunta un diplomático mediterráneo. Los más críticos, con PP y Cs a la cabeza, explican a sus colegas de Bruselas que no hay arrepentimiento, promesa de no reincidir, petición de perdón, admisión de culpa. “No lo entiendo en esas condiciones”, dice un miembro destacado del Parlamento.

“Nadie relevante está hablando de eso”, explican en la Comisión y en el Parlamento. Sin duda, los independentistas y sus aliados van a intentarlo, una vez que Puigdemont, que queda parcialmente desubicado con el plan, se movilice y busque una jugada.

La pandemia ha monopolizado todo y Puigdemont ha tenido un perfil bajísimo

Las condenas a los líderes independentistas resultaron muy incómodas en Europa. La sensación que prima es que fueron excesivas, porque la imagen que ha trascendido es que fue una convocatoria no vinculante ni legal y que por lo tanto no tenía recorrido. Se cerró filas con España, se respetan las decisiones judiciales, pero los europeos no estaban nada cómodos con ellas y así lo decían claramente en privado. Moncloa es muy consciente.

Es probable que en muchas capitales, empezando por Bruselas, sea acogida positivamente. No tanto por el fondo, sino por ser una forma de intentar desbloquear algo enquistado y en la burbuja comunitaria todo se resuelve en una reunión o en diez. El análisis no es sofisticado, no hila fino, es trazo griego porque el conocimiento es superficial. Pero el sentir parece bastante claro.

Dicho eso, la UE no presiona para ello. No lo hace la Comisión, ni el Consejo, ni el Parlamento como institución (aunque así una parte de los grupos, y buena prueba es que el suplicatorio de Puigdemont y sus consejeros fue votado en el pleno de la Cámara con muchísimas más reservas que cualquier otro). Ni el Tribunal de Justicia. Llegan mensajes, hay charlas informales, consejos, pistas. Si España quiere cambiar la ley es completamente libre, e incluso puede que sea considerado buena idea, pero no hay una exigencia. La decisión será política y será en clave nacional, aunque luego sea aplaudida, criticada o, sobre todo, incomprendida fuera tras los ríos de tinta vertidos y los miles de llamada para hace presión en el último lustro.

Categorías:Uncategorized

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s