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El delirante relato de la madre de los niños asesinados en Godella: “Le dije a Gabriel que los mató una secta, pero creo que fue él. Lo tenía todo planeado”

lCOMUNIDAD VALENCIANA

  • INMA LIDÓN
  • Valencia

Actualizado 

María Gumbau asegura que encontró a sus hijos muertos y que solo los enterró. Acusa a su pareja de infundirle temor por una secta que los perseguía y de ser un manipulador que quería volverla “loca”

María Gumbau, junto a su abogada (drcha.) en la primera sesión del juicio.
María Gumbau, junto a su abogada (drcha.) en la primera sesión del juicio.EFE

Una mujer crédula, manipulable, con fe ciega en su pareja e incapaz de distinguir la realidad de la creencias conspiranoicas que le inculcaba. Así se presentó ante el jurado María Gumbau, la madre de los dos niños asesinados en Godella (Valencia) en marzo de 2019 y acusada de ser la autora de su muerte a golpes. Se enfrenta a una pena de 25 años internada en un centro psiquiátrico porque durante la noche de los hechos estaba inmersa en un brote de esquizofrenia paranoide que la convierte en inimputable para la Fiscalía, pero que no nubló parte de su relato ante el jurado: ella no mató a los niños. Nunca le confesó a Gabriel Salvador que los asesinara y que podía renacerlos, tal y como él declaró, y negó la tesis de la Fiscalía de haber actuado de común acuerdo para acabar con la vida de los pequeños Amiel, de tres años, e Ixchel, de apenas seis meses. Su versión es totalmente inversa a la que el jurado escuchó del padre de los menores.

María no había prestado declaración nunca hasta que compareció, sentada junto a su abogada y serena. Según su testimonio, encontró los cuerpos de sus hijos ya muertos junto a la piscina la mañana del 14 de marzo tras pasar la noche dormida y se limitó a cogerlos, por eso su ropa de manchó de sangre, y enterrarlos en el entorno de la casa donde solía pasear con ellos. Estaba “convencida” de que los había matado “la secta”. Las referencias a la esa “secta gubernamental” fueron constantes durante todo su relato. Abusaba sexualmente de su hijo Amiel, quería asesinar a la familia al completo y en ella estaban involucrados la familiares y los amigos de María. Por eso pasaban las noches en vigilia, por turnos, intentando evitar los ataques. Todo eso se lo relataba Gabriel, según su versión. “Incluso que cada noche entraban en la casa a sustraernos material genético y a pincharnos hormonas para que discutiéramos”, aseguró María que le explicaba su pareja para justificar los moratones que ella tenía en los brazos y que ante el juez defendió que ahora que eran malos tratos.

“Gabriel llevaba años convenciéndome de que abusaban de los niños, y de que la secta los iba a matar, lo tenía tan presente que pensé que la secta los había matado. Así se lo dije a Gabriel, pero ahora creo que fue él. Lo tenía todo planeado. Matarnos a los tres y, como nos íbamos de viaje a la mañana siguiente, nadie nos echaría de menos”, declaró la mujer, que huyó desnuda de la casa porque desde hacía días sospechaba que también formaba parte de la secta por haber realizado un ritual satánico para acabar con la vida de su madre.

Gabriel Salvador, en el banquillo, junto a su letrado.
Gabriel Salvador, en el banquillo, junto a su letrado.EFE

María relató que Gabriel creía tener poderes, “ser Jesuscristo reencarnado”, y hacía rituales mayas de purificación con el fuego, curación con las manos regresiones. “Incluso me llegó a hacer creer que tenía el demonio dentro”, admitió. También relató episodios de malos tratos a Amiel semanas antes del asesinato del pequeño.

En su declaración de ayer, el padre reconoció haber escrito al dictado de María todo un relato de rituales y prácticas con menores que recogió en una libreta roja que él mismo entregó a la Guardia Civil. Eran los supuestos delirios de María que le preocuparon, pero ella lo niega. “Era un resumen de lo que le hacían al Amiel en la secta y que Gabriel me leía una y otra vez, más de diez veces, para que me entrara en la cabeza. Es mentira que se lo dictara yo. No es cierto que él me dijera que no estaba bien y que necesitaba ir a un psiquiatra. Se lo ha inventado todo porque este hombre lo que quería era volverme loca“.

Ella no fue consciente de que estaba enferma hasta meses después de entrar en prisión. “Estaba en un delirio del que tardé seis meses en salir. Cuando me enteré de la muerte de mis hijos intenté matarme, clavándome un lápiz, intentando golpearme contra la pared. Me di cuenta de que lo que había vivido no era realidad”.

CULPABILIDAD “POR SEÑAS”

Según sus palabras, su pareja nunca se preocupó por ayudarla. “Fui al psiquiatra por mi madre. Gabriel me incitaba a volverme más loca. Me hablaba de la secta continuamente. En ningún momento me vio enferma, ni quiso ayudarme, quería volverme loca”, insistió. “Creo que nunca nos ha querido a mí ni a mis hijos. Hemos sido un objeto de satisfacción de su ego”, añadió.

A pesar de todo el relato, María no supo responder al fiscal cuando le preguntó por la razón para querer matar a sus hijos y a ella misma. “No lo sé”, se limitó a decir.

Pese a que en muchos momentos aducía su brote psicótico para enmarcar su falta de concreción a determinadas preguntas (solo las del Fiscal y su abogada), no dudó en admitir que, una vez en prisión, se cruzó con Gabriel en una pericial caligráfica y “por señas” le dijo que se declarase culpable. “La idea suya es que me declarase culpable, porque yo estaba enferma. Él lo sabía y yo aún no”, declaró.

Tras los testimonios de los dos padres, los únicos presentes en la casa en la noche de los crímenes, apenas hay más conclusión que el hecho de que la madre estaba enferma pero es la única contra la que hay pruebas biológicas de una posible autoría de los asesinatos. Sin embargo, la tesis de la Fiscalía de que actuó “abducida” por su pareja no llegó a verbalizarla la acusada, que en ningún momento declaró que fuera Gabriel quien la indujera a matar a los pequeños. Es más, su estrategia fue defender su inocencia y trasladar la sombra de la culpabilidad sobre el padre.

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