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Los anticristos del Madrid en la selección: la “muerte” de la Quinta con Clemente, el “despertador” de Aragonés y el “orgasmo” de Luis Enrique

SUSURROS DEL DEPORTE

La primera lista de España sin madridistas para una Eurocopa o Mundial pone la lupa sobre el asturiano. Míchel y Raúl, como ahora Ramos, habrían deseado de los seleccionadores más claridad

Los anticristos del Madrid en la selección: la "muerte" de la Quinta con Clemente, el "despertador" de Aragonés y el "orgasmo" de Luis Enrique

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Actualizado Sábado, 29 mayo 2021 –

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“Yo no tenía problemas con el Madrid como club, si acaso los tenía con el madridismo, agitado por una parte de la prensa de la capital que me daba hostias por no llevar a Míchel“. A Javier Clemente es imposible comprenderlo sin entender su adicción a la polémica, que obra en el personaje los efectos de la droga y la metadona: una dispara la adrenalina necesaria en este mundo y otra combate sus presiones, el ‘mono’. Con el Madrid tuvo muchas, especialmente en la selección, porque accedió al cargo después de que España no se hubiera clasificado para la Eurocopa del 92 en una etapa dominada por la ‘Quinta del Buitre’. Su primera conclusión fue una sentencia: “Como colectivo, la ‘Quinta’ ha muerto”. En cambio, sus relaciones personales con quien hizo ricos a los componentes de la ‘Quinta’, Ramón Mendoza, habían sido excelente. El sarcasmo los sintonizaba. Hasta el punto de que el presidente blanco le ofreció dirigir al Madrid cuando estaba en el Athletic, tiempo en el que Clemente dedicaba al Barcelona las frases gruesas: “El Barça es más que un club, es un puticlub”. Pidió a Mendoza esperar al final de su contrato en San Mamés, pero el Madrid no espera.

“Dejé a Raúl fuera por el bien del equipo. Había perdido velocidad y la selección le venía grande”. El fallecido Luis Aragonés jamás admitió haber tenido discusiones o encontronazos con el capitán del Madrid, aunque en las tripas de las concentraciones se recordaban palabras airadas entre el ir y venir de cervezas en una madrugada de hotel. Las malas caras y las filtraciones, ya que al jugador le molestó saber que sería suplente en un partido del Mundial de Alemania por la prensa, pesaron menos que el juego en un periodo con un denominador común con la incipiente era Clemente: el cambio de ciclo.

AMISTAD, RIVALIDAD Y DESPECHO

Luis Aragonés había empezado como futbolista en el Madrid, pero después de varias cesiones, acabó por fichar por el Betis sin debutar en el primer equipo, para convertirse, tiempo después, en un icono del vecino. Eso no impidió que continuara su amistad con Alfredo di Stéfano, que recordaba los enfados de Santiago Bernabéu cuando veía su rendimiento en el Atlético. Eran tiempos de una rivalidad distinta, en la que incluso jugadores de ambos equipos podían compartir piso, aunque Luis Aragonés ya hacía gala de su sorna: “Vamos a darle duro a los del despertador”. De esa manera llamaba, por su forma, al escudo del Madrid.

La relación profesional con el Madrid que no llegó a darse con Clemente y que con Luis Aragonés fue como un matrimonio sin consumar, se produjo con Luis Enrique, el tercer seleccionador que rompe con una leyenda del Madrid, Sergio Ramos, y provoca una ruptura emocional con el equipo que, en los tiempos de la España más mediocre y autárquica, asumía una suerte de representatividad nacional. De esa forma fue durante la dictadura, aunque algunos de sus miembros, incluidos jugadores, habían estado entre los más represaliados del fútbol tras la victoria de las tropas de Franco.

“NOS TIENEN ENVIDIA”

El Madrid de Bernabéu y el diplomático Raimundo Saporta era capaz de dejarse querer por el Régimen y recibir a Josep Tarradellas, presidente de la Generalitat en el exilio, en una cena privada con algunos jugadores durante una gira en México. El crecimiento del equipo, en paralelo a la creación de la Copa de Europa, llevó a Bernabéu a concluir que las animadversiones hacia su club se debían a que, «al ser España un país de envidiosos, todos nuestros males vienen de haber sido tantas veces campeones».

Luis Enrique, sin embargo, no sólo ha prescindido de Sergio Ramos, hecho justificable por su prolongada inactividad. Ha dado un paso más, al confeccionar la primera lista para una Eurocopa o Mundial sin ningún jugador de la plantilla blanca. Las opciones no son tantas como en el pasado, pero voces del club entienden que “Nacho ha hecho méritos para acudir a la Eurocopa”. El asturiano podía llamar a 26 jugadores y esperar a la recuperación de Sergio Ramos si España avanza, pero decidió convocar únicamente a 24. Da que pensar.

LA FURIA, SIN MADRIDISTAS

Desde 1928, cuando España disputó los Juegos Olímpicos de Amsterdam, dos años antes de la creación del Mundial, por lo que todos los jugadores eran seleccionables, España siempre ha contado con algún jugador blanco en los grandes eventos. No los hubo en esa cita ni ocho años atrás, en el nacimiento de la selección, en Amberes en 1920. La España de la furia lo fue sin madridistas.

A diferencia de Luis Enrique, tanto Clemente como Luis Aragonés convocaron siempre a jugadores del Madrid para los grandes torneos. El primero contó precisamente con el actual seleccionador, que era suplente en el Bernabéu, y con Hierro, que pasó un tiempo en disputas con Mendoza y estuvo a punto de fichar por el Barcelona. Las llamadas de Joan Gaspart no cesaban. Lo mismo hizo Luis Aragonés con Casillas o Sergio Ramos, los capitanes que sucederían a Raúl.

Eso convierte a Luis Enrique en el principal de los anticristos del Madrid, rol que el propio técnico, pese a la buena relación que le une con ex compañeros como Míchel, salpimentó con un salto al Camp Nou y las declaraciones más altisonantes. Definió el 2-6 en el Bernabéu como un “orgasmo futbolístico”, afirmó que “me veo en las figuritas y en televisión y me siento raro de blanco”, e ironizó con que “los pitos del Bernabéu son sinfonía para los oídos”. Escuchaba cosas peores que los pitos en el coliseo blanco: “¡Luis Enrique, tu padre es Amunike!”.

ENEMIGOS Y FIELES

Clemente asegura que no llevó a Butragueño porque no le servía para jugar al contraataque, a Sanchís porque no usaba defensa libre y a Míchel porque no rendía fuera de casa. El último se ha cansado de responderle y cree que no fue todo lo claro que hubiera deseado. Lo mismo sentía Raúl con respecto a Luis Aragonés y algo parecido piensa Sergio Ramos, que se siente traicionado en las formas, no en el fondo.

El técnico vasco y Luis Aragonés eran hábiles en su trato con la prensa, a la que mantenían dividida: enemigos y fieles. Luis Enrique llegó a vetar a todos los bandos como jugador, a la Cope y a la Ser, cuando un ilustre narrador dijo: “Luis Enrique es más inútil que la primera rebanada del pan Bimbo”. Continúa del mismo modo, sin guardianes de opinión y, ahora, sin pajes blancos, a la intemperie camino de la Eurocopa.