Altea

Historia de los dos PSOE: de la victoria de Zapatero frente a Bono al regreso de Felipe González en ‘prime time’

ANÁLISIS

Los liderazgos de Zapatero y Sánchez marcan el desgarro. Frente al espejo hay ya dos rostros: el del socialismo del 78 y el de los pactos ‘frankenstein’

Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero en un acto en La Moncloa en 2018.
Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero en un acto en La Moncloa en 2018.

https://e0895a98d1d732f2d15672f12dfdfee7.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-38/html/container.htmlPREMIUM

  • MARISA CRUZ
  • Madrid

Actualizado Jueves, 27 mayo 2021 – 22:41

  • Ver 14 comentarios

Hace mucho tiempo que el PSOE no se reconoce a sí mismo. Frente al espejo hay dos rostros, uno complaciente, otro estupefacto. El nuevo y el viejo. De un lado, el institucional que defiende el régimen del 78, los principios fundamentales de la Constitución, las guías del bipartidismo y un entramado orgánico con contrapesos y, de otro, el nuevo socialismo, heredero del no nos representan, el del cesarismo maquillado por las bases, el de los pactos multicolor a conveniencia para llegar al poder, el de la plurinacionalidad y el de los indultos.

Dos PSOE que no se entienden. Uno, en la Moncloa apoyado por quienes nunca se sentaron a la mesa del socialismo clásico y otro, relegado a algunos territorios aguardando el momento propicio para despuntar de nuevo. La lucha entre ambos es recurrente; a veces soterrada, a veces un clamor. No desaparece, sólo se adormila. La tensión existe desde que Pedro Sánchez se hizo con el poderfue defenestrado por la aristocracia socialista, regresó aupado en volandas por las bases, purgó a los críticos y construyó a su conveniencia un partido y un Gobierno.

Con Sánchez, el socialismo se partió. Con él, las viejas grietas que empezaron a surgir con José Luis Rodríguez Zapatero, se han convertido en abismos insalvables. El primer resquebrajamiento se produjo en el 2000 cuando, contra todo pronóstico, José Bono, uno de los tres barones históricos -junto a Juan Carlos Rodríguez Ibarra y Manuel Chaves– perdió por sólo nueve votos las elecciones a la secretaría general del partido frente a un diputado de penúltima fila, Rodríguez Zapatero. Ese fue el momento de catarsis que marcó el comienzo de la ruptura entre lo viejo y lo nuevo.

El mandato de Zapatero, desde 2004 hasta 2011, fue en realidad una etapa de transición en el PSOE hacia nuevos horizontes. Una etapa en la que el líder empezó a ceder a las demandas del hermano catalán, siempre vistas con recelo por los socialistas clásicos defensores de la igualdad entre españoles y de la solidaridad interterritorial.https://e0895a98d1d732f2d15672f12dfdfee7.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-38/html/container.html

Un periodo en el que prometió que aceptaría cualquier propuesta de Estatut que llegara de Cataluña; una etapa en la que se padeció la deriva del tripartito catalán; una fase en la que el presidente llegó a afirmar que la nación es un «concepto discutido y discutible» y calificó a Arnaldo Otegi como «hombre de paz».

Bono celebra la victoria de su rival, Zapatero, en el 35 Congreso Federal del PSOE.
Bono celebra la victoria de su rival, Zapatero, en el 35 Congreso Federal del PSOE.

Zapatero perdió las elecciones en 2011 aplastado por una crisis sin precedentes. Cedió el poder a un PP con mayoría absoluta para gestionar una nación en ruinas y dejó un PSOE que ya navegaba hacia la división anticipada por el pulso entre Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón.

Rubalcaba venció por 22 votos. Su etapa estuvo marcada por los malos resultados electorales y por el desvío de votos hacia la nueva opción de izquierdas, Podemos. En 2014, tras el descalabro en las europeas, dimitió como secretario general. Su marcha marcó el inicio de las guerras de sucesión en el partido.

Tres candidatos en liza: Pedro SánchezEduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias. Venció el primero y fue proclamado secretario general el 13 de julio de 2014. Sánchez emprendió así un rumbo nuevo alejado de las guías tradicionales de una fuerza acostumbrada al juego bipartidista.

Rubalcaba y Chacón se saludan en 2015.
Rubalcaba y Chacón se saludan en 2015.JAVIER BARBANCHO

Su negativa a facilitar, tras las elecciones de 2016, la formación de Gobierno presidido por Rajoy, tensó las costuras del PSOE hasta el punto de hacerlas estallar en una batalla sin cuartel de la vieja aristocracia del partido contra el propio Sánchez. El 1 de octubre, tras la celebración de un escabroso Comité Federal, Sánchez dimitió como secretario general y el PSOE quedó en manos de una gestora.

Sus detractores siempre temieron que Sánchez, movido por su ambición de poder, estuviera dispuesto a pactar con aquellos a los que el PSOE siempre había rechazado: los herederos del mundo etarra y el secesionismo catalán. En definitiva, alertaban de su aspiración oculta a conformar lo que Rubalcaba dio en llamar un Gobierno frankenstein.

Pedro Sánchez, un resistente como él se define, recuperó la secretaría general aupado por la militancia. Nombró una Ejecutiva de fieles y laminó el poder del Comité Federal. En mayo de 2018, con un evidente olfato político, abanderó una moción de censura contra Rajoy aprovechando la sentencia del caso Gürtel contra el PP y aunando en su empeño al dispar abanico de fuerzas opuestas a los populares y que finalmente se han convertido en los puntales imprescindibles para sostenerle en la Moncloa.

Susana Díaz y Pedro Sánchez, juntos en 2017, cuando competían por el liderazgo del PSOE.
Susana Díaz y Pedro Sánchez, juntos en 2017, cuando competían por el liderazgo del PSOE.

El vaticinio del viejo socialismo se ha cumplido: se verán cesiones nunca imaginadas. Y así ha sido en el ámbito territorial y en los pactos con quienes cuestionan la legalidad constitucional, la unidad del Estado y la soberanía nacional. Ahora, Felipe González encabeza una vez más el conato de revuelta y lo hace en prime time. El gran pope del socialismo que definió el Gobierno de coalición como el camarote de los Hermanos Marx, que tachó de disparate el pacto con Bildu para aprobar los Presupuestos y que no se siente representado por un Ejecutivo con dos almas siempre a la greña.

Ahora, los indultos previstos a los condenados del procés han reabierto en el PSOE la herida que nunca cicatrizó y que aún supura en los históricos. La lista es larga: GuerraIbarraBonoVázquezCorcueraLeguinaCarmonaRedondo TerrerosGarcía PageLambánFernández Vara… El PSOE es Sánchez, pero aún no del todo.