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El relevo de Echenique, primer conflicto entre Díaz y Belarra


ESPAÑA

Jaume Asens y Pablo Echenique presiden, el año pasado, en una reunión del Grupo Parlamentario Confederal de Unidas Podemos
Jaume Asens y Pablo Echenique presiden, el año pasado, en una reunión del Grupo Parlamentario Confederal de Unidas Podemos – David Fernández

El estilo agresivo del portavoz parlamentario no encaja con el perfil de la vicepresidenta

Gregoria CaroGregoria Caro

MADRID 

Actualizado:18/05/2021 

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El congreso interno donde Ione Belarra, ministra de Derechos Sociales, saldrá elegida líder de Podemos y el nuevo liderazgo de Yolanda Díaz en Unidas Podemos (UP) tendrán de efecto otros movimientos en la plana mayor. Aunque la mayoría no se ejecutarán hasta después de las primarias moradas, previstas para la primera quincena de junio.

En los pasillos del Congreso se especula desde hace unos días qué pasará con el portavoz parlamentario de UP y portavoz de Podemos en el Congreso, Pablo Echenique, también secretario de Acción de Gobierno en su partido. La decisión del secretario de Organización del partido, Alberto Rodríguez, de no presentarse al que sería ‘Vistalegre IV’ y de dejar sus cargos despejó una de las incógnitas sobre qué pasaría con los hombres fuertes de Pablo Iglesias.

Ahora, las conjeturas recaen sobre qué papel tendrá Echenique en este nuevo periodo. Siendo él un dirigente clave para otros tiempos. Fiel pablista. El discurso oficial es que no hay ninguna decisión tomada a corto-medio plazo. Pero en su grupo parlamentario hay quienes creen que la estrategia de menos agresividad y más sosiego, —hablando claro, ese alejamiento del estilo del exlíder de Podemos— pone en riesgo su portavocía. Desde el partido niegan y aseguran que una coalición más amable no es incompatible con sus formas de hacer política. Y también que Belarra no ha planteado ese relevo. Porque, apuntan, la decisión sobre el portavoz de Podemos tendría que venir del partido y no de Díaz.

De la relación entre ambas (líder de la confluencia y futura secretaria general del partido mayoritario del espacio), que hoy es «muy buena», dicen, dependerán los cambios y la transición. Díaz quiere renovar y abrir las siglas de UP, dar más peso a las marcas regionales, romper con la dinámica anterior…, pero tendrá que equilibrar con Belarra, para no enfadar a un partido al que no pertenece.

Un mensaje directo

La incertidumbre en torno a Echenique venía desde el ‘adiós’ de Iglesias, pero se agudizó hace unos días. Al final, su vertiente más política corresponde a su cara exterior (mensajes y discurso público y estilo en las redes sociales) y no tanto hacia dentro. Díaz deslizó el jueves en un encuentro con el grupo de UP el tono que quiere en el grupo: «Los ciudadanos sienten que los políticos estamos alejados de sus preocupaciones cotidianas y yo creo que esto es lo que de manera especial tenemos que atender. Tenemos que acercarnos con la gente de ahí fuera, no valdrá de nada lo que hagamos, si no estamos acompañando a la gente».

Y seguido hizo una recomendación que puso a Echenique bajo el foco, debido a su marcado carácter combativo en el plano virtual. «La política de Twitter transmite tanta ansiedad que creo que ante ese malestar social y esa distancia social, nosotros lo que hemos de hacer es generar sosiego y tranquilidad. Eso es lo que hacen los dirigentes grandes: dar tranquilidad». Desde el entorno de Echenique se quita importancia a esas palabras y él mismo aclaró no sentirse interpelado. La reunión la presentó Jaume Asens, presidente del Grupo Confederal, y no él.

La responsabilidad mengua

El portavoz fue apartado en su momento de la Secretaría de Organización del partido por no cumplir las expectativas e Iglesias le encomendó el liderazgo de la comisión de seguimiento de los pactos del Gobierno, así como la portavocía del grupo confederal. Sin embargo, su papel en esa primera tarea quedó muy diluido desde el momento en que el órgano dejó de reunirse hace meses y las negociaciones entre PSOE y Podemos más delicadas se cerraban en el Gobierno. Su puesto se planteó para enfrentar otros tiempos, donde necesitaban un sustituto fuerte y con peso capaz de relevar a Irene Montero. Ahora, su futuro dependerá de los equilibrios entre los planes de Díaz y Belarra.