Alfaz del Pi

ECONOMÍAEL QUINTO EN DISCORDIA

No llegó la sangre al río

Como reza el dicho, los ciclos no mueren de viejos sino de que los bancos centrales suban los tipos ante síntomas de sobrecalentamiento

José Ramón IturriagaJosé Ramón Iturriaga

ctualizado:17/05/2021 

Importa destacar el comportamiento de los mercados la semana pasada tras conocerse el dato de inflación americana. Tanto el índice general como el subyacente -que no tienen en cuenta la evolución de las materias primas- tuvieron mucho peor comportamiento de lo esperado. Los precios crecieron más de un 4% cuando se esperaba algo más de un 3% en una lectura que hacía muchos años que no veíamos. Las bolsas, sobretodo la americana, en un primer momento empezaron cayendo pero el saldo de la semana ha sido más que aceptable.

Como reza el dicho, los ciclos no mueren de viejos sino de que los bancos centrales suban los tipos ante síntomas de sobrecalentamiento. Por eso fuertes repuntes de la inflación como

 el que vimos la semana pasada si no una señal de alarma, sí de alerta. El mercado, sin embargo, ha mantenido la compostura. Hay razones que justifican que en los próximos meses y de forma coyuntural las lecturas de inflación sean más altas de lo esperado. El efecto base por un lado, tras las caídas de las materias primas el año pasado y en concreto el petróleo, y los cuellos de botella en las cadenas de producción a consecuencia de los vivido el último año, justifican repuntes de precios que por definición son temporales.

Ahora, quizás lo más importante haya sido el mensaje claro y unívoco por parte de los bancos centrales de que no piensan mover ficha. Es precisamente la certeza que tiene los mercados de que las autoridades monetarias no se van a precipitar lo que ha permitido que la sangre no llegue al río. Si hoy hubiera la menor duda de cuál podría ser la respuesta de los bancos centrales, el comportamiento de los mercados ante lecturas como la de la semana pasada de inflación hubiera sido distinto. Llevan tiempo anticipando esta situación y han demostrado que no hay fisuras en la forma de enfrentarse a esta circunstancia. Ahora toca convivir con precios por encima del objetivo un tiempo porque el riesgo hoy está claramente del lado de pasarse que del no llegar. Con unas economías que están empezando a coger tracción pero que todavía se enfrenta a muchas incertidumbres, cualquier duda por el frente monetario sería un terrible menoscabo de difícil solución.

Los banqueros centrales están demostrando que están a la altura de las difíciles circunstancias. Éstas pasan por convivir una temporada más o menos larga con tipos nominales por debajo de la inflación para más adelante reconducir las cosas una vez que se haya dejado atrás la actual crisis. Sería deseable que el resto también lo estuviera y acometiera las reformas que demanda la economía.

Contradicciones

Las contradicciones en las que incurre el Gobierno son tantas que la lista daría para llenar varias páginas. Ahora, hay algunas en las que merece la pena detenerse por lo que significan. En cosa de pocos meses el mismo ministro ha pasado de levantar las barreras de las autopistas a justificar sin rubor el cobro de peaje en todas las carreteras. Estamos en el punto en el que de seguir las cosas como están, pagaremos por utilizar las autovías y podremos disfrutar gratis de las autopistas cuyas concesiones hayan vencido. Y lo mejor es como dicen una cosa y la contraria sin ni siquiera ruborizarse. No es tanto un problema de falta de criterio -que desde luego-, sino de no saber por dónde andan.

Levantar las barreras de las autopistas fue una decisión en caliente, poco meditada, con ningún sentido económico para tratar de anotarse un tanto populista. Y ahí salió el ministro a colgarse la medalla. Los fondos europeos o mejor dicho las reformas estructurales que exige Bruselas a cambio de estos fondos les ha dejado en fuera de juego. Lo peor sin duda es la desfachatez con la que tratan de justificar una cosa y la contraria sin ni siquiera ponerse colorados, demuestran lo (poco) que nos respetan. Lo mejor es la mansedumbre con la que encajan los tirones de orejas de Bruselas. No están dispuestos a morder la mano que nos da de comer, lo que sin duda tranquiliza. A falta de criterio, tenemos el de Europa. Lo que bien mirado no está mal. Cuanto más lejos estén los centros de toma de decisiones, mejor. Son menos influenciables y más valientes a hora de fijar el camino.

La política de patada para adelante a la que son tan aficionados los políticos de uno y otro signo tiene poco recorrido en tiempos del fondo de rescate. Se van a tener que retratar con la reforma laboral, las pensiones, las administraciones públicas o los impuestos. Tal vez, solo tal vez, les resultaría más sencillo tratar de explicar el por qué de cada una de las decisiones o de las reformas que se van a acometer. Sería bueno por una vez saber lo que el Gobierno quiere o puede hacer. Vendría bien algo de pedagogía. Y que entendiéramos las distintas opciones. Aunque probablemente se seguirán refugiando en el comodín de las autoridades europea.

Qué esconden los índices

El comportamiento de los índices bursátiles nos cuenta una parte de la historia pero solo una parte. Debajo de estos índices que de forma agregada nos cuentan lo que hacen las bolsas mundiales suele haber una intrahistoria que muchas veces se nos escapa. El año pasado tras el espectacular comportamiento de la bolsa americana estaban las compañías que se beneficiaron del encierro. De Netflix a Zoom pasando por todo un Microsoft, fueron muchas las compañías cuyas cuentas de resultados lógicamente lo hacen mejor si no podemos salir de casa. En el extremo contrario estuvieron aquellas empresas más ligadas a los viajes o al turismo que desde luego sufrieron mucho en las circunstancias que nos tocó vivir.

Este año sin embargo tras el comportamiento de los índices no hay nada tan obvio pero si se están produciendo grandes diferencias entre el comportamiento de unos tipos y otros de compañías que merece la pena dar una vuelta para ver si somos capaces de sacar alguna conclusión. Por un lado las grandes compañías americanas, que son las grandes compañías tecnológicas del mundo, han publicado en general buenísimos resultados pero sin embargo no han seguido subiendo en bolsa. Resultados récord que no han venido acompañada de nuevos máximos sino de caídas más o menos importantes. Por otro lado, y como el que no quiere la cosa, hay una categoría de compañías dentro de las tecnológicas, las que todavía no ganan dinero, que han tenido caídas fortísimas en bolsa. El año pasado en general tuvieron muy buen comportamiento, y este año algunas de ellas han tenido caídas de más del 50%.

¿Qué hay detrás de estos movimientos? Resulta difícil establecer relaciones del causalidad unívocas. Ya llevamos tiempo en esto, como para caer en la tentación de ser categórico. Seguimos sin tener el teléfono del señor Mercado pero podemos hacer algunas conjeturas. Por un lado, están seguro los tipos de interés. Su recuperación ha hecho que las valoraciones de estas compañías que dependen mucho de a qué tasa se descuentan los flujos de caja futuros se resienta. Desde finales del año pasado, la progresiva normalización de las curvas de tipos de la mano de la reapertura económica se ha traducido en esa rotación de valores de crecimiento a los que en el argot son conocidos como ‘value’ y que están más vinculados a la economía real.

Po otra parte, estos movimientos tan abultados lo que evidencia es la falta de eficiencia por parte del mercado. Un mercado en el que algo pueda subir o bajar en pocos meses la mitad de su valor no es especialmente eficiente. La ineficiencia siempre ha estado ahí. Ahora lo que pasa es que los movimientos se magnifican por temas técnicos como las gestión pasiva o los algoritmos lo que hace que en muchos casos sean muchas las cosas que se nos escapen.