Alfaz del Pi

Antonio el Bailarín: el ostracismo al que le condenó Jesús Aguirre por su lengua viperina sobre la duquesa de Alba

  • LUIS FERNANDO ROMO

Actualizado 

Nureyev y Barýshnikov cayeron rendidos a sus pies, al igual que Chaplin, el duque de Windsor o la reina Isabel, pero Antonio, el zar de la danza, ha caído en el olvido. El marido de la duquesa de Alba tuvo mucho que ver con su caída en desgracia: le vetó y defenestró como director del Ballet Nacional.

Antonio el Bailarín en una imagen de los años 60.
Antonio el Bailarín en una imagen de los años 60.RADIAL PRESS

“Incomprensiblemente, indignantemente e inadmisiblemente a Antonio se le ha olvidado. No puedo entenderlo y me da mucha rabia. Antonio ES (lo recalca en presente) uno de nuestros más grandes artistas a nivel internacional”, confiesa Natalia Figueroa a LOC, que conoció a Antonio el Bailarín con 11 o 12 años porque era amigo de sus padres, Agustín de Figueroa (marqués de Santo Floro) y María Gamboa Lapaya, quienes le llevaban a verle al teatro y ya con veintitantos años acudían juntos a innumerables eventos sociales.

A nivel académico, ese vacío se debe a dos motivos, según la doctora María Dolores Segarra, autora de la tesis Antonio Ruiz Soler y la danza española estilizada: configuración y desarrollo de un género: “Todo parece indicar que primero hubo un veto institucional por parte de Jesús Aguirre -segundo marido de la duquesa de Alba nombrado por UCD director general de Música y Danza del Ministerio de Cultura- para que no fuera director del Ballet Nacional Español y luego la prensa rosa no se interesó por su legado, sino por sus idilios. Si caes en el ostracismo profesional, el interés por lo privado acaba con el mito artístico”. Y da pena, porque como le dijo Toscanini: “El alma de España baila en ti”. El sombrero de tres picos, Zorongo gitano y El amor brujo son ya parte de la leyenda.

Antonio era el zar de la danza. Empezó bailando a cambio de una caja de bombones y unos reales para ayudar a su madre, pero en 1927, con 6 añitos, ya era un prodigio junto a Rosario, conocidos como Los Chavalillos Sevillanos. Su arte les llevó de gira doce años por Latinoamérica y Estados Unidos (1937-1949) donde alcanzaron el clímax. El New York Times, el Washington PostLos Angeles Times y las columnas de cotilleos de Hedda Hopper y Cholly Knickerbocker inmortalizaron sus logros en los salones neoyorquinos del hotel Waldorf Astoria, donde cada noche acudía el príncipe hindú Abbinash Darhu para ver y obsequiar a Antonio con joyas fascinantes, y en los rodajes de la Metro Goldwyn Mayer en Hollywood, donde debutaron en Ziegfeld Girl (1941), protagonizada por Judy Garland, Lana Turner, James Stewart o Jackie Cooper. Hasta Charles Chaplin cayó rendido a sus pies cuando les dijo que si ellos eran gitanos, él era el gitano de Estados Unidos.

Antonio durante una de sus actuaciones.
Antonio durante una de sus actuaciones.EFE

En los años 40 coincidieron con otra leyenda, Carmen Amaya, prima hermana de Micaela Flores Amaya La Chunga, que protagonizó con Antonio Ley de Raza (1969), dirigida por su marido José Luis Gonzalvo. La artista se ríe al recordarle porque “te mataba a golpes ya que se reía tanto que te cogía el brazo, la pierna y te salían moretones. Era demasiado bueno, nunca le tuvo envidia a nadie y ayudó a mucha gente. ¡Y mira cómo se lo han pagado! A Carmen Amaya le ocurrió también. Este país destruye a los mitos”.

Ya en 1953 formó su propia compañía, Antonio Ballet Español, donde María Rosa fue primera bailarina entre 1962-1964. “Ha sido el más grande que ha habido en la danza -admite rotundamente- y se aprovecharon mucho de él. Nureyev fue íntimo amigo suyo y Barýshnikov llegó a España preguntando ‘¿dónde está Antonio?‘ y le respondían, ‘¡pero qué Antonio!’, pues ¡Antonio, Antonio el bailarín!”.

María Rosa fue una amiga leal que le ayudó hasta el fin de sus días. El bailarín le pidió que fuera su albacea porque no se fiaba de nadie “porque le habían engañado mucho, como cuando vendió su chalé marbellí. Se lo llevaron a Marrakech, le dieron de beber y le hicieron firmar unos papeles por el que se comprometía a vender por 120 millones de pesetas en varios pagos, en vez de los 150 millones que costaba. Al final, solo le dieron un pago”.

Antonio junto a su amiga, la bailarina María Rosa.
Antonio junto a su amiga, la bailarina María Rosa.GTRES

Como no quería morir en el hospital le trasladaron a su mansión de la urbanización La Florida (Madrid), “por lo que le vendí algunas cosas para que tuviera su médico con todos los cuidados necesarios”. Está dolida, ya que a pesar de que Antonio Gades le merece un gran respeto, a su Antonio “Jesús Aguirre le defenestró como director del Ballet Nacional porque como había pasado lo que había pasado…”.

Todo está explicado por el propio artista en un libro donde explicaba su versión sobre su relación con Cayetana de Alba y fue retirado de la circulación a petición de la aristócrata.

Nadie bailaba el martinete como él. De ahí el nombre de su espectacular mansión de 1.900 metros cuadrados acariciando el Mediterráneo marbellí que se convirtió en el refugio de la jet set internacional como el Aga Khan, Gunilla von Bismarck o Alfonso de Hohenlohe tras la inauguración de Puerto Banús en 1970. Aquel paraíso arquitectónico lo pisó Rappel por primera vez en 1963. “Se bañaba en pelotas en su piscina -tenía una serigrafía de Picasso en el fondo- y a sus invitados les obligaba a hacerlo. Lo mismo pasaba con Dalí en su casa de Cadaqués”, recuerda el vidente, que por aquel entonces su taller de moda le confeccionaba chaquetillas de bailaor con azabache o mostacillas.

En los 60 fue vecino de Paco Rabal en el madrileño barrio de Salamanca, donde Antonio poseía un dúplex enorme al que acudían Cayetana de Alba, Gina Lollobrigida o Luis Miguel Dominguín y “que se lo alquiló a la Infanta Pilar y a su marido, Luis Gómez-Acebo, porque les estaban construyendo su mansión de Puerta de Hierro. Cuando se mudaron, los techos estaban ahumados porque hacían cenas con velas, así que Antonio les dijo a los Acebo que lo pintaran”, asegura Hilario López Millán, que añade también que “Aguirre y la duquesa se portaron fatal al hacerle un vacío enorme”.

Rappel solía echarle las cartas para saber lo que le durarían sus rolletes. No dice nombres, secreto profesional, pero deja caer que “con el duque de Windsor tuvo una amistad muy especial”. Pero enfatiza que él no estaba delante como para confirmar lo de su supuesto romance. El Martinete era un ir y venir continuo de jóvenes amantes que disfrutaban de la compañía del maestro que “en el escenario era un divo que parecía tener electricidad en los pies, fue único e irrepetible, pero en la calle era muy divertido, hospitalario, simpatiquísimo, educado y se dejaba querer”, subraya el famoso vidente y empresario.Más en El MundoJesús Aguirre: el ex cura que enamoró a la duquesa y que fue como la madrastra de Cenicienta para sus hijosMikel Lezama, el atractivo reclamo del PP vasco: “El PNV es el lado oscuro y Ayuso nuestra princesa Leia”

También se rumorea que tuvo amantes muy importantes: Marisol, María Sonsoles de Icaza (marquesa de Llanzol) y su hija Carmen Díez de Rivera; Carlos Rúspoli y Caro, duque de Sueca y Grande España); el director de orquesta Leonard Bernstein y los actores Van Johnson, Gina Lollobrigida y Vivien Leigh, que solía pasearle en su Rolls Royce por las calles londinenses.

Tras sufrir un ictus que le dejó postrado en una silla de ruedas, Antonio se fue apagando poco a poco hasta morir a los 74 años en febrero de 1996. Sus últimas voluntades no se cumplieron. Como gran coleccionista de arte y curador de su trayectoria se subastaron sus pertenencias en la sala Durán y no se creó el museo en su estudio, que lo compró en 2002 otra de sus bailaoras, la gran Carmen Roche (ex mujer de Víctor Ullate) y que actualmente se llama Centro Superior de Artes Escénicas SCAENA. Un lugar en el que “su camerino, su mesa, el teatro… todo era rojo”, afirma La Chunga. Con motivo del centenario de su nacimiento el 4 de noviembre la Universidad de Sevilla organiza el congreso Antonio: Cien años de Baile. Lo dicho. Que le quiten lo ‘bailao’.