Benidorm

AUTOCARAVANA VIVIR: VIAJE DE VUELTA

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CALVARIPERIÓDICODIGITAL

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El amigo Leopoldo Bernabeu inició hace unas semanas un viaje a Asturias y Galicia, por temas imprevisibles tuvo que regresar a Benidorm, y ha vuelto a irse de viaje, iniciando el viaje de vuelta.

Desde Belchite a Haro, pasando por Logroño

Un imprevisto cambio de planes nos obliga a regresar a la base de operaciones. Tampoco está nada mal volver a ver las infinitas playas y paisajes de la Marina Baja. Tras tres días de trabajo intenso en Radio 4G Benidorm y con todo puesto al día, rumbo de nuevo a la carretera con Autocaravana Vivir, ahora con una magnífica compañía a la que además, poder enseñar la ruta que seguí el pasado verano, cuando por primera vez dí la vuelta a España envuelto en la magia que une la aventura y lo desconocido.

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La guerra civil española tuvo en Aragón uno de sus principales escenarios. Entre los numerosos combates, uno de los más importantes es el que se desarrolló por el control de la localidad de Belchite entre el 24 de agosto y el 6 de septiembre de 1.937.

Visitar hoy las ruinas del pueblo viejo es poner color en las retinas que todo aquello que estudiamos en blanco y negro. Añadimos un paseo por las calles de su nueva ubicación antes de emprender camino hacia una nueva visita que ya tocaba, Pradejón. Una pequeña localidad junto a Calahorra, en la que viven dos personas que conocí en una fiestas patronales de Benidorm hace ya 35 años y que desde entonces no ha habido año en el que no nos hayamos visto o hablado. La carretera nos muestra a su paso la Iglesia del Pilar y el río Ebro…

Y después de dar la gran sorpresa a Rosi y Carmelo, a celebrar que nos vamos al cumpleaños de mi cuñada Olga en Logroño, incluyendo la visita a mi hermano Iván y mis sobrinos David y Lucía. Y es que el día ha ido de sorpresas. Haro, la cuna del vino riojano, nos cede sus calles para pasar la noche.

De Laredo a Llanes con sol, lluvia, paisajes y gastronomía

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De nuevo ante el placer de escribir y compartir vivencias contigo, porque de esto va Autocaravana Vivir. Combinar el permanente suspense de lo inesperado por desconocido, con el sentimiento de seguridad ante la experiencia ya vivida.

Nada como volver a recorrer los caminos que por España hicimos juntos en esa primera gran aventura que el pasado agosto me llevó a dar la primera, de la que espero sean muchas vueltas a nuestro país. Pero ahora acompañado y con la certeza de saber donde voy, el placer de compartirlo y el interés por descubrir nuevos tesoros. Y de todo hay.

Puede ser una imagen de carretera y texto que dice "N-240 VITORIA-GASTEIZ BILBO/BILBAO BILBAO"

Desde Belchite hasta Haro, con paradas en Pradejón y Logroño. Y desde la cuna del vino hasta Laredo a través de 190 kilómetros de carretera que da gusto saborear, siempre que venzas el interés del GPS por llevarte por autopistas.

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No hay nada mejor a la hora de viajar en Autocaravana Vivir, además de pararte donde más te apetezca, que disfrutar de los increíbles paisajes que las más recónditas rutas te muestran de nuestra querida España allá por donde pasamos.

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Laredo nos recibe en el último y deseado día con estado de alarma. La playa de la Salve, con 4 largos y anchos kilómetros de arena, nos enseña el espectáculo de las mareas y las marismas, destacando la que separa su orilla de Santoña en el cabo del Puntal, lugar mágico donde pasar la noche escuchando las olas del mar. La gastronomía y su paseo marítimo hacen el resto.

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Despertar al amanecer y volver a recorrer de nuevo sus playas antes de que se nuble y llueva, es el punto de partida de otro nuevo capítulo que nos lleva hasta Llanes, ciudad señorial como todo Asturias, donde unas calas y unas playas de película nos esperan.

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De Cangas de Onís hasta Foz, pasando de Asturias a Galicia

Ocho días después, de vuelta al lugar deseado. Un impactante enclave que se quedó en mis retinas y al que me prometí volver y pasar la noche. Un problema técnico nos obligó a regresar al punto de partida, pero no hay mal que por bien no venga.

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El camino de retorno ha sido igual de espectacular. Cuatro días con sus cuatro noches que nos han llevado por Belchite, Haro, Laredo y Cangas de Onís. Lugar en el que hoy hemos despertado tras visitar ayer, bajo una intensa lluvia asturiana, la escondida playa de Andrín, un paraíso que descubrí por casualidad el pasado agosto durante una de mis caminatas y al que me también prometí volver. Igual de enigmáticas bañadas por el sol o bajo una tormenta de agua, las calas y playas que se esconden a lo largo del mar Cantábrico son todas de postal.

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De ahí, tras un buen susto al ver cómo dos toros se acercaban más de lo normal, y tras haber caminado Llanes y degustado algunas de sus delicias, caminito y manta, nunca mejor dicho, hacia Cangas de Onís, donde un inesperado frío nos recibe junto al río Sella y las luces que por entonces ya alumbran su cuidado casco histórico.

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Un cachopo precedido de algunas entradas y regado todo con un vinito de Ribera, tiene la culpa de que la noche se haga mucho más placentera. Pocos me creen cuando digo que duermo mejor en Autocaravana Vivir que en mi casa.

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Un paseo matinal para recordar de nuevo su emblemático puente romano, y de nuevo a la ruta. No hacía los Lagos de Covadonga, donde teníamos previsto dormir, pues la lluvia, la niebla y la nieve lo desaconsejan, pero sí hasta Foz, lugar con el que hemos quedado en deuda dos veces.

Una ensalada de queso de cabra, unas alubias con pulpo y dos cachopos, uno de lenguado y otro de cerdo, ponen en Cudillero la guinda final a nuestros últimos kilómetros en tierra asturiana, a la que abandonamos cruzando por Ribadeo hasta las Mariñas gallegas, aparcando junto al puerto de Foz, donde vemos en vivo el espectacular descenso de agua en su inmensa ría.

A Mariña lucense, desde Foz a Estaca de Bares

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Todas las carreteras costeras suelen ser un escenario perfecto para recorrerlas en Autocaravana, pero la invisible frontera entre Asturias y Galicia es una de las más deliciosas que se pueden disfrutar. Sólo en el acento de la gente ya notas que se abandona una y entras en la otra. En A Mariña Lucense, la morriña empieza a salpicar los paisajes de este comarca llena de rías, playas intimistas y suaves acantilados.

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Y en Foz hemos pasado dos noches. Ya tocaba, era el lugar adecuado para el merecido reposo. El espectáculo de su ría con la magia de sus aguas que cada cuatro horas aparecen y desaparecen, sus interminables calas, escondidas playas y poderosos riscos, además de su gastronomía, la más autóctona de Galicia según cuentan las leyendas, han sido el lugar perfecto para pasar dos días que difícilmente olvidaremos y con seguridad, repetiremos. Y conste que aquí vinimos precedidos del renombre de Ribadeo y su playa de Las Catedrales. Siendo todo bonito, nada comparable a la paz gallega que se respira en Foz, al sabor de sus callos, arroz marinero o las carrilladas en salsa y, sobre todo, la profesionalidad y elegancia de Moncho, que demuestra porque su camper, el Atalaia, es el más reconocido de toda Europa.

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Lejos del ajetreo turístico de las grandes rías de A Coruña y Pontevedra, A Mariña Lucense parece una costa dormida, inalterada y todavía fiel a muchas de las costumbres más características del pueblo gallego.Pero hay que seguir y lo hacemos encantados.

Nos espera la mágica ruta que nos ha de conducir hasta el final de España, el Faro de Estaca de Bares, no sin antes disfrutar los kilómetros de costa que desde Burela y las serpenteantes carreteras que nos invitan continuamente a parar a fin de contemplar un mar salpicado de leyendas, nos ha de llevar hasta Viveiro, mostrándonos en todo su esplendor un imponente mar Cantábrico que se hace respetar.

Puede ser una imagen de masa de agua

Y lo hacemos, paramos, impregnamos las retinas y los oídos con el sabor del viento y las olas del mar, antes de llegar y aparcar Autocaravana Vivir en la marinera y legendaria villa de Viveiro.Y es la ciudad más importante de A Mariña la que nos da la bienvenida con empaque y elegancia, mostrándonos sus puertas medievales. La Porta da Ponte Maior es la entrada a la magia de su barrio más templario.

Un paseo por los puentes que sobrevuelan su ría y camino hacia nuestro destino final.Estaca de Bares es un paraíso de extrema belleza donde el Atlántico y el Cantábrico mezclan sus aguas, rodeado de un paisaje espectacular. Un viento que eriza el bello azota sin cesar durante toda la larga noche nuestra Autocaravana Vivir y nosotros lo disfrutamos como si estuviéramos en medio de una novela de corsarios que invaden la península llegados desde lontananza.

Desde Estaca de Bares hasta Pedraza, pasando por Cebreiro y Ponferrada

O Cebreiro, justo donde empieza Galicia y termina León, es una aldea en la que permanece en pie un conjunto de viviendas de piedra con techo de paja, que se ha convertido en uno de los lugares de paso más memorables del Camino de Santiago.

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En pleno camino francés, cuenta en su iglesia prerrománica, la más antigua de la ruta jacobea, con un Grial considerado santo para algunos y milagroso para otros.Capital de la comarca leonesa de El Bierzo, situada en la confluencia de los ríos Sil y Boeza, nos recibe bajo la estirpe de su imponente castillo medieval, la ciudad de Ponferrada.

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Sin hacer esperar a la historia, aparcamos Autocaravana Vivir y bajo el mismo diluvio universal que nos ha perseguido desde que, bien temprano, salimos de Estaca de Bares, nos aprestamos a pisar el magnetismo de sus siglos de historia y leyendas. El casco histórico es de visita obligada.

Puede ser una imagen de al aire libre

Levantarse temprano y verte rodeado de sus montañas nevadas a catorce de mayo, es otra de esas estampas razón de ser que refuerza el sentido de un viaje sin destinos en el que cada amanecer es una nueva sorpresa, como la encrucijada de caminos hacia el apóstol Santiago que en Ponferrada se bifurcan y generan el dilema al peregrino que ha de elegir entre el francés y el de invierno.

Si espectacular es la ruta entre el final de España y la capital del Bierzo, tal como recordaba, con parada obligada en Lugo y O Cebreiro, no lo es menos recorrer la anchura de Castilla y León a la búsqueda de un nuevo capítulo que grabar en la memoria.

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El que nos lleva hasta la segoviana villa de Pedraza, a los pies de la Sierra de Guadarrama, habiendo recorrido antes los paisajes de León, Zamora y Valladolid.Llegar a Pedraza y quedarse sin habla, todo es uno. Declarada conjunto monumental en 1.951, basta con callejear de forma pausada para sentir que el tiempo está detenido.

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Casas señoriales, detalles medievales, la omnipresente muralla, su plaza porticada, la antigua cárcel… todo conspira a tu alrededor y te transporta, de manera inevitable, a otra época. Y aún no ha llegado lo mejor. Aparcados a la sombra de su precioso acueducto junto al museo del águila imperial, esperamos con ansiedad la llegada de la noche para disfrutar de este espectáculo iluminado por las luces que semejan antorchas. Cuanto nos recuerda a la soriana Catalañazor.

Puede ser una imagen de al aire libre y monumento