Alfaz del Pi

El movimiento que quiso cambiar España sucumbe al no cumplir sus expectativas

Diez años después de colapsar espacios públicos y representar la esperanza cae en el olvido por la transformación de la ‘nueva política’ que se apoyó en él

Angie Calero

Angie Calero

I. – Jorge Lago: «Ninguna de las reivindicaciones se ha cumplido»II. – Barcelona, el último vestigio del 15-MIII. – La pandemia crea el ambiente para un nuevo 15-MIV. – Así era la España de los ‘indignados’V. – Diez años después, el 15-M sigue buscando la obra maestra de los indignadosVI. – 15-M: mucho más que Podemos

Han pasado diez años desde la primavera de 2011, aquella que un 15 de mayo llenó la Puerta del Sol de Madrid y se extendió hasta otras ciudades de España con carteles firmados por jóvenes indignados porque se sentían ignorados por el sistema. Comenzaron unos cuarenta, acampando en las plazas con mensajes que decían «Sin luchar, ¿qué tendrás?», «Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir», «No hay pan para tanto chorizo» o «No somos antisistema, el sistema es antinosotros». Una semana después, se llegaron a contabilizar 28.000 jóvenes.

El CIS de aquella época decía que los tres problemas fundamentales de España eran la crisis económica, el paro y la corrupción. El movimiento del 15-M fue la respuesta de la generación más preparada de la historia de la democracia, que también sería la primera en pensar que viviría peor que sus padres. El despertar de los jóvenes el 15-M se ha llegado a considerar como el mayor estallido social de nuestra historia reciente. Aunque no se sentían representados y no querían que nadie lo hiciera, lo cierto es que esas reivindicaciones llegaron a las instituciones a través de partidos políticos de nueva creación. Que no eran como los demás, o eso decían. Diez años después, la mayoría de expertos consultados por ABC creen que el 15-M fue positivo y que sembró la semilla de un cambio. Aún así, parece que las consecuencias de este movimiento han producido un efecto bumerán en la sociedad y en la política.

Ruptura del bipartidismo

«El 15-M forzó el tránsito desde el bipartidismo al pentapartidismo al generar dos enmiendas a la totalidad del llamado régimen del 78: el separatismo catalán y Podemos. Unos y otros, aunque con distintos objetivos, pretenden romper por completo con la Constitución para empezar de nuevo, bien fuera de España, bien dentro», explica Emilio Lamo de Espinosa, catedrático emérito de Sociología. En este sentido coincide Óscar López, ex secretario general del PSOE de Castilla y León y autor de ‘Del 15-M al procés’, quien considera que este movimiento «fue un discurso de máximos». Aún así, parece que todo quedó en una ilusión y, según él, ahora estamos ante un «bipartidismo corregido» o un «bipartidismo 2.0». «Quien se creyera que de ahí iba a caer todo el sistema institucional occidental, evidentemente tenía una expectativa desmesurada», apunta López, al tiempo que añade que el 15-M «cambió el eje de la izquierda y la derecha»: «Lo que pasa es que los partidos nuevos han envejecido muy mal y hemos vuelto al mismo eje».

Regeneración política

«Era cuestión de tiempo que los partidos de aquella ola desaparecieran», indica Narciso Michavila, presidente de GAD3 y especialista en demoscopia. Dice que ya lo hizo Ciudadanos –«porque ha muerto en estas elecciones»– y Podemos «terminará diluyéndose en algún partido por ahí»: «En cuanto se institucionalizan y entran en los gobiernos cometen los mismos errores que los partidos tradicionales, cometen los mismos pecados, pero encima son nuevos y el votante no se lo perdona». Por eso, «quienes aguantan mejor» son, Más Madrid y Vox, que a su vez cuando asuman responsabilidades de gobierno les pasará lo mismo que a Podemos y Ciudadanos y «también defraudarán».«Los partidos políticos que derivaron de ahí tuvieron un exceso de creencia del monopolio de la verdad»

«Hemos cerrado el 15-M porque por un lado hay un partido socialista en el gobierno que tuvo cierta regeneración y un PP que ha demostrado que si vuelve es porque se ha renovado entero», explica Michavila. Una regeneración política que según él la tienen PSOE, PP y PNV: «Hace dos años por Almeida y Ayuso nadie daba un duro y ahora, sin embargo, Almeida en la siguiente tendrá mayoría absoluta».

Monopolio de la verdad

José Manuel Sabucedo, catedrático de Psicología Social de la Universidad de Santiago de Compostela cree que el éxito del 15-M fue que tenía «una identidad inclusiva», ya que fue un movimiento que en sus inicios en la Puerta del Sol no entendía de derechas, izquierdas, religiones y clases sociales. «La gente percibía que sus expectativas vitales no iban a ser cumplidas y culpaban a la clase política de lo que estaba ocurriendo», apostilla. Esta sensación propició lo que se llama una «estructura de oportunidad política», es decir, un contexto favorable para que apareciera alguna voz nueva que diera una alternativa. Pero gran parte de esas expectativas «se vieron frustradas porque adolecieron de ingenuidad y dogmatismo político y carecieron de empatía» para con la gente que pensaba diferente.

«Los partidos políticos que derivaron de ahí tuvieron un exceso de creencia del monopolio de la verdad. Es decir, una parte de ese movimiento creyó estar en posesión de la verdad y empezó a dividir el mundo entre nosotros y ellos», declara Sabucedo. Algo que, según él, «resulta extremadamente peligroso» porque «cuando alguien se cree con el monopolio de la verdad tiende a no reconocer al otro y a no reconocer las aportaciones que los demás pueden hacer a la sociedad».

Votante más exigente

Según Lamo de Espinosa el 15-M trajo «un nuevo modo de hacer política, más asambleario y en las calles más que en las instituciones, con nuevas estrategias de comunicación». Nuevas formas para un votante que Michavila etiqueta como mucho más exigente: «Es más joven, tiene más nivel de estudios, viene muy quemado de lo viejo y apuestan por lo nuevo». Cree en las propuestas de los nuevos políticos porque conecta con ellos porque son de su quinta y tienen sus mismos problemas.

Desilusión

«Ha habido una idealización de lo que representó el 15-M, que no se ajusta con la realidad de lo que realmente estaba pasando», asegura Manuel Álvarez Tardío, catedrático de Historia del Pensamiento Político. El legado negativo que deja «es la fragmentación del mapa político, que impide un gobierno serio y estable», una de las herencias de aquel momento que sí tiene una lectura positiva:«Que mucha gente ha aprendido que la antipolítica abre caminos al populismo que son muy peligrosos».

Michavila, sin embargo, concluye que «pensar que el 15-M fue un bluf es un error, porque la sociedad demandaba reformas y muchas de ellas se han introducido después».

El 15-M sirvió para que la ciudadanía recuperase por un tiempo la ilusión y la esperanza, para que saliera de la frustración y el desencanto. Algo que, según el politólogo Pablo Simón marcó a todos los nacidos en el ochenta y hacia adelante: «Aunque se difiera en el tiempo, el 15-M continúa entre toda una generación».