Alfaz del Pi

La operación del ‘viejo’ PP de Camps para recuperar su sitio en el partido… y que desentierra guerras pasadas

POLÍTICA El futuro del partido

El PP valenciano se sume en el desconcierto y un estado de tensión por la carrera por la presidencia del partido

María J. Catalá, Pablo Casado e Isabel Bonig.
María J. Catalá, Pablo Casado e Isabel Bonig.BIEL ALIÑO

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  • NOA DE LA TORRE
  • Valencia

Actualizado Lunes, 26 abril 2021

La RAE define una implosión como la “acción de romperse hacia dentro con estruendo las paredes de una cavidad cuya presión es inferior a la externa”. La metáfora perfecta para entender el estallido interno que ha provocado en el PP de la Comunidad Valenciana el solo runrún de la próxima convocatoria del congreso regional. La paradoja es que aún no tiene fecha, pero ya hay movimiento entre bambalinas. Mientras Génova ya ha transmitido a la actual presidenta, Isabel Bonig, que la apuesta de futuro no pasa por ella, la vieja guardia del partido ha movido ficha.

Y esto no solo ha descolocado a propios y a extraños, sino que ha sumido al PP valenciano en un estado de tensión que amenaza con desenterrar todas las guerras pasadas: desde la de campistas contra zaplanistas a la de Valencia contra Alicante, a las que se suman ahora las del viejo PP contra el nuevo PP e, incluso, la de los alineados con Génova frente a sus críticos.

El pistoletazo de salida para el totum revolutum lo dio recientemente un hombre, el alcalde de Ayora, José Vicente Anaya, que anunció su candidatura a presidir el PP valenciano con el apoyo implícito -él lo negó en un principio, aunque en el partido nadie lo dudó- del llamado Foro Populares 2020. Presidido por el ex senador Pedro Agramunt, de él forma parte el ex presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, quien, por cierto, siempre que puede deja caer que le gustaría optar a la Alcaldía de Valencia. El Foro, básicamente, persigue reivindicar los años de gloria del PP cuando acaparaba mayorías absolutas y la corrupción no asomaba en el horizonte.

Esta corriente interna no goza de mucho predicamento entre los actuales dirigentes del PP, pero su operación ha revuelto las aguas de tal manera que ha salpicado a todos los protagonistas que, de una u otra manera, tienen algo que decir en la carrera por el liderazgo del partido. En realidad, porque a todos ha incomodado lo que se intuye como una maniobra del viejo PP por recuperar su sitio, tras años arrinconado en un partido que ha tenido que hacer verdaderos esfuerzos por quitarse de encima la losa de la corrupción.

Basta recordar aquellas palabras de la malograda ex alcaldesa Rita Barberá e íntima de Camps: “Cuidado con lo que decís… recordad por qué estáis ahí”, le soltó a Bonig cuando ya estaba apartada y acusaba a la actual presidenta popular de deslealtad por tratar de poner tierra de por medio. “Los que fueron el problema no pueden ser ahora la solución”, resume una persona autorizada en el partido.

Las palabras vienen a resumir el estupor con que ha caído en ciertos sectores del PP la apelación al “pasado” por parte de Anaya en su primer comunicado como candidato. Es más, él mismo ha reconocido que de su equipo formarán parte antiguos secretarios autonómicos y directores generales con el PP cuya experiencia, a su juicio, no se ha aprovechado como tocaría. “Se les ha dejado de lado y son muy valiosos”, afirma Anaya.

Aunque pocos confían en la capacidad de arrastre de Anaya y la de quienes le apoyan, lo cierto es que su paso adelante ha perjudicado además a importantes cargos, que se ven encima arrastrados en la guerra soterrada entre los alineados y los críticos con Génova. Anaya es el número tres de Vicente Mompó, el presidente del PP de la provincia de Valencia y hombre de Génova.

La pregunta que se hacen los críticos es simple: ¿Cómo es posible que el hombre de Génova en la provincia no controle a su gente, hasta el punto de que se presenta una candidatura alternativa a la apuesta de la dirección nacional? Esta apuesta es el presidente del PP de Alicante, Carlos Mazón, quien de momento guarda formalmente silencio sobre sus intenciones. A diferencia de Bonig, que durante tiempo insistió en que su voluntad era presentarse a la reelección, por mucho que la dirección de Pablo Casado busque evitar un congreso de confrontación. Ahora guarda silencio para ganar tiempo tras saber que no tendrá ni mucho menos la alfombra roja de Génova.

Viéndose cuestionado, Mompó intentó desmarcarse de Anaya destituyéndolo de la cúpula directiva provincial, aunque finalmente conservará el puesto hasta que se convoque el congreso. Un despropósito y la evidencia de que Mompó no controla al partido, según algunas fuentes consultadas. Ni mucho menos, responden en el entorno del presidente provincial: Anaya no era una persona de su núcleo cercano. ¿De quién entonces?

Y aquí entra en juego la otra afectada, señalada por algunos como la otra instigadora de la operación: María José Catalá, presidenta del PP de la ciudad de Valencia y con la confianza de Génova. Es más, tiene el encargo de la dirección nacional de respaldar a Mazón, según todas las fuentes consultadas. Su problema, que es amiga personal de Anaya. El propio Anaya ha reconocido que su decisión lleva meditándola cuatro o cinco meses. Es decir, antes de hablar con Génova, ¿quería Catalá impulsar una tercera vía contra Mazón?

Es la teoría que, además, ahonda en la herida por la pugna entre campistas (partidarios y herederos del ex presidente Camps) y zaplanistas (del ex presidente Eduardo Zaplana, como Mazón), y entre Valencia y Alicante. Es decir, los primeros se estarían movilizando para evitar que los segundos se hiciesen otra vez con el control del partido desde Alicante. La vieja herida que aún supura. Aunque hay quienes apoyan esta teoría, no solo lo niega el entorno de la propia Catalá, sino quienes tampoco forman parte de su círculo de confianza.

Al fin y al cabo, ¿qué gana Catalá con este movimiento del campismo que solo la coloca a ella en la diana a ojos de la dirección nacional? En un momento, además, en que el fichaje del PP, Toni Cantó, no cierra la puerta a volver a Valencia… ¿como candidato a alcalde en lugar de Catalá? Por cierto, ella acaba de proponer que se nombre a Barberá como alcaldesa honoraria de Valencia.

Las fuentes consultadas insisten: el origen del terremoto hay que buscarlo en la vieja guardia descontenta. Como lamentaba estos días una persona de larga trayectoria en el PP, “con todo lo que se ha sufrido estos años, como para volver ahora a la casilla de salida”