Alfaz del Pi

«No hay huevos para ir a elecciones»


ESPAÑA

El candidato de ERC a la presidencia de la Generalitat, Pere Aragonès
El candidato de ERC a la presidencia de la Generalitat, Pere Aragonès – EFE

La frase está dirigida a los negociadores de Junts y es de uno de los más cercanos colaboradores de Pere Aragonès

Salvador SostresSalvador Sostres

Actualizado:17/04/2021 

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Las negociaciones entre Esquerra y Junts por formar gobierno no sólo están estancadas sino que no existen. No se celebran reuniones ni por tratar de resolver los asuntos menores ni por abordar las distancias más insalvables. Ni en lo concreto ni en lo general existe de momento ninguna idea en la que pudiera inspirarse un principio de acuerdo.

Esquerra quiere gobernar por fin Cataluña, y hacer valer su peso en el Congreso para obtener, primero, el indulto de Oriol Junqueras, y luego el mayor número de concesiones del Gobierno a Cataluña. Junts quiere minimizar la victoria de los republicanos, rebajar la presidencia de la Generalitat a mera gestoría, y que sea el Consell de la República, controlado

 por Carles Puigdemont desde Waterloo, quien ejerza la representación simbólica de Cataluña y marque el ritmo de las negociaciones con el Gobierno.

La frase está dirigida a los negociadores de Junts y es de uno de los más cercanos colaboradores de Pere Aragonès: «No tenéis huevos de ir a elecciones». Puigdemont amaga con la repetición electoral porque conoce el pánico de ERC a perder su oportunidad histórica. Esquerra siente este miedo pero cree que los convergentes van de farol. «¡Sin pistolas, no sois nada!» gritaban los manifestantes contra ETA. Pues lo mismo: «sin sopa boba, no sois nadie», le contestó por whatsapp, hace tres días, el mismo negociador republicano a otro del expresidente fugado. Es cierto que las presiones de los cargos intermedios de Junts, entre consejeros y jefes de gabinete y de comunicación, crecen cada día en número e insistencia para formar gobierno y mantener el sueldo.

La mayoría parlamentaria del independentismo no halla su articulación política. Los recelos, el resentimiento y el odio existen y son concretos y personales. No hay en cambio un proyecto común, ni una hoja de ruta clara. Las discusiones son todas por el liderazgo simbólico, por el control de los medios de comunicación y por el dinero. La secretaría de Difusión, encargada de repartir las subvenciones a los medios, y la presidencia de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals, órgano de gobierno de TV3 y Catalunya Ràdio, están en el centro de la bronca y el desacuerdo.

También la consejería de Obras Públicas (Territori i Sostenibilitat), por las conocidas e ilegales comisiones, cifradas ingenuamente en el tope del 3%. Y por supuesto el millón largo de euros al año que Puigdemont se agencia sin control ni transparencia y que aportan los más de 92.000 suscritos al mencionado Consell de la República.

Lentamente se va disipando la sensación general de que el acuerdo entre las fuerzas independentistas era inminente e inevitable tras los resultados que arrojaron las urnas el pasado 14 de febrero. Contra lo que parecía obvio se han ido imponiendo los personalismos, el sectarismo, la ambición autonómica que tanto contrasta con la grandilocuencia independentista y la guerra por el dinero.

Aún hoy, los líderes y negociadores de los dos partidos dicen en público y en privado que lo más probable es un acuerdo a regañadientes y en el último minuto, pero los pasos que cada parte va dando no sólo no acercan el entendimiento sino que lo alejan. En caso de tener repetirse, las próximas elecciones serían el 18 de julio.