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EEUU Biden prevé que el día 19 de abril todos los estadounidenses tengan acceso a la vacuna contra el coronavirus

Cola para recibir la vacuna en el edificio Jacob K. Javits de Nueva York.
Cola para recibir la vacuna en el edificio Jacob K. Javits de Nueva York.AFP

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  • PABLO PARDO
  • Corresponsal Washington

Actualizado Miércoles, 7 abril 2021

El jueves 19 de marzo, Josh y su hermano Ed agarraron el coche y se hicieron de una tacada los 600 kilómetros que separan Washington del condado de Onslow, en Carolina del Norte. Tres días antes, su tía, que vive allí, les había dicho que en ese condado estaban vacunando a todos los que se presentaran, sin preguntar el lugar de residencia. Para Josh y Ted (27 y 24 años, respectivamente), atrapados en Washington, una ciudad en la que la vacunación avanzaba con cuentagotas y con un padre que sufre una enfermedad respiratoria y es, por tanto, vulnerable al Covid, el viaje representaba la oportunidad de vacunarse de una vez.

Así que hicieron el viaje a Onslow. En el centro de vacunación, situado en un centro de día para ancianos, dieron su dirección de Washington sin ningún problema. Y, encima, se pasaron el fin de semana en la zona turística de península de los Outer Banks, muy cerca del centro de vacunación, aunque el tiempo de marzo no invitaba a ir a la playa. Mañana viernes tienen fecha para hacer el viaje a por la segunda dosis.

Josh y Ed han practicado el llamado turismo de vacunas, una peculiar forma de viaje que se ha extendido en ese país. Es lo que tiene tener una estructura federal, descentralizada y sin ningún tipo de documento nacional de identidad. No solo es que en cada estado y en cada condado se cuenten los votos de una manera diferente, como muchos descubrieron para su sorpresa después de las elecciones de noviembre. Es que también se administran las vacunas conforme a criterios diferentes en cada sitio. La ciudad de Washington, por ejemplo, empezó muy bien con la vacuna. Pero después se ha estancado. La consecuencia es que los washingtonianos jóvenes y sin enfermedades están yendo a todas partes a por sus dosis. Muchos se han vacunado en los vecinos estados de Maryland y Virginia. Algunos, como Josh y Ed, a Carolina del Norte. Otros, a Ohio.https://afe5b5107eeb296cc3ae634cf8ff886c.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-38/html/container.html

Los criterios, encima, cambian casi a diario. El 26 de marzo, Onslow decidió que iba a exigir a los candidatos a recibir la vacuna que presentaran pruebas de su residencia en Carolina del Norte. Era una señal de que la demanda de vacunas estaba subiendo. Porque Onslow es un condado con una cantidad considerable de protestantes evangélicos, que no creen que el Covid sea real o que, si admiten la existencia de la enfermedad, piensan que la vacuna es parte de una conspiración para implantar un microchip, hacer homosexual a quienes la reciban, o, según la última teoría conspiratoria, programar la muerte de los vacunados dentro de seis meses.

Pero, a medida que las inyecciones de Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson se van extendiendo y nadie se muere ni cambia su orientación sexual, esas reticencias pierden fuelle. A eso se suma que dos líderes conservadores de peso, el ex presidente Donald Trump y la ex candidata a la vicepresidencia Sarah Palin, han sufrido el Covid y han pedido públicamente a la gente que se vacune. Así que ahora en Onslow también quieren su inyección.

SIN NECESIDAD DE ACREDITAR LUGAR DE RESIDENCIA

Pero no son solo motivos religiosos. También los hay raciales. En Washington la vacuna solo ha estado disponible, y en cantidades limitadas de entre 1.500 y 3.000 dosis diarias para los residentes en los distritos 5, 7 y 8, que son los barrios más pobres de la ciudad, y, también, los que tienen más población negra. El problema es que los afroamericanos, como los evangélicos, no se quieren vacunar. “Había 40 personas en cola, y ni una sola era de raza negra”, comentaba ayer miércoles Frank, un fotógrafo que recibió la dosis de Johnson & Johnson el lunes en Washington. Ante semejante desmadre, los centros de distribución de vacunas del Distrito de Columbia, donde está Washington, dan inyecciones a todo el que pasa por allí. Frank recordaba que “dos chicas que iban delante de mí presentaron su pasaporte de la Unión Europea”. En otras palabras: no tienen ningún documento que acredite que son de Washington. Con la creciente disponibilidad de vacunas, las normas de los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC), que es el organismo que supervisa la campaña de inmunización, es, en la práctica, vacunar a todo el que quiera.

En la práctica, es un caos. A veces se piden documentos acreditativos de la identidad, como el pasaporte o el carné de identidad. Otras veces, no. Josh tuvo que enseñar su carné. Ted, no. Hay gente que se declara fumadora o asmática para lograr la vacuna. En muchos casos, la mentira cuela porque no se les pide ningún informe médico que lo acredite. En teoría, si alguien quiere, puede vacunarse varias veces.

TURISMO INTERNACIONAL

Eso también abre la puerta a otra actividad: el turismo internacional de vacunas. Solo la mitad de las entidades territoriales de EEUU exigen prueba de residencia para solicitar vacuna. Los condados rurales de Texas, donde está también extendida la conspiranoia de las vacunas, se han visto desbordados por visitantes en busca de sus dosis. Paradójicamente, muchos de ellos son mexicanos. “Mi familia iba a ir de Ciudad de México a San Antonio, en Texas, a vacunarse, pero no lo ha hecho porque tienen miedo de contagiarse en el avión o en Texas, ya que en ese estado nadie respeta las normas de distancia social, así que van a venir a Washington a conseguir su dosis”, explicaba ayer a EL MUNDO una funcionaria de un organismo internacional que prefiere no dar su nombre.

Otros no han hilado tan fino. Dos jueces del Tribunal Supremo de México, Yasmin Esquivel y Alberto Pérez Diayán, y el coordinador de Administración y Finanzas de la Guardia Nacional, se vacunaron, acompañados de sus familias, en la ciudad texana de San Antonio el 1 de febrero, según la web mexicana Sinembargo. A medida que las vacunas siguen llegando a EEUU, el turismo de inyección se extiende dentro y fuera del país.

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