
Puede que sea una cuestión semántica, pero como me asegura un amigo doctor-médico y profesor epidemiólogo, cuyo nombre omito a petición del informante porque asegura que ya hay tantos «opinadores» como reacciones en cadena hasta levantar la nube atómica y apocalíptica de las fake news. Esto es, dice, una «pandemia», es decir (avant la lettre) una epidemia que, empezando en un punto más o menos determinado (Wuhan), se transmite por, de momento varios países, pero traza lleva de no librarse uno. Aunque, advierte de cómo los virus son impredecibles, y cita los más letales de todos a lo largo de la historia: la viruela, la gripe española, el cólera y la peste bubónica. Algunos los hemos atajado médicamente, otros se fueron sin desvelar su mortífero secreto. Por ejemplo, curiosamente la peste bubónica del siglo XIV partió la Península Ibérica en dos mitades casi justas, una con decenas de miles de muertos, la otra inmune, y todavía no sabemos por qué.
Pero sí sabemos que como esto siga el avance exponencial que lleva el jodido Covid 19, en menos de una semana sin atajar, como ocurrió en la Baja Edad Media, habremos pasado el susto informativo al nivel real de los aislamientos pandémicos; algo que en la Comunidad Valenciana donde llevamos contabilizados más afectados que en ninguna otra autonómica, se presenta como controlable, pero espantoso, o sea, de acuerdo: fuera dramas histéricos. Sin embargo tampoco presuponer que no era para alarmarse y traía el ojo en la mano.Los científicos están en ello, los sanitarios con ello, y la gente angustiada con ese peligro amarillo que tiene mucho de pánico excitante mientras no te toque, nunca mejor dicho, personalmente. En mi vida, y va para larga existencia, me he lavado las manos tantas veces, siquiera cuando me lo mandaban de niño en la playa de día completo con tartera y bocadillos; tampoco estuve semana tras semana sin salir de casa, como en este febrerillo bajo malos augurios pulmonares, salvo para acudir a mis clases, donde, y por cierto, tengo un alumno chino y otro italiano.
Humana y lógicamente, ahora y aquí el canguelo colectivo está servido. Somos, cuando menos en todo nuestro litoral, absolutamente dependientes de la industria turística. Nada hay más sentimental y endogámico para un valenciano de Valencia que las Fallas. Las competencias en Sanidad pública ya se transfirieron en sus competencias a nuestra Conselleria, a cuya mayor dignataria responsable, la ex alcaldesa de Sax y abogada Ana Barceló, le montan pollos en la cotidiana rueda de prensa sobre contagios, talmente por no saberse las estulticias que han mascullado sus lugartenientes/as.
Por todo lo cual, y aunque solo sea por esta vez, son los políticos y al unísono, encimándose sobre sus siglas, quienes deben dar cuenta actual tanto de las medidas tomadas como a tomar, mientras los científicos no encuentren la clave liberadora de la pandemia. Preguntas, que hoy podrían parecer absurdas, como si es posible sitiar a la expedita manera de los chinorris, Valencia capital, Benidorm o Torrevieja (pongamos por caso); si un colegio o universidad son aglomeraciones potencialmente peligrosas; o si las farmacias se van a quedar sin antibióticos u otros fármacos contra enfermedades autoinmunes.
Más luz en tiempos oscuros; mejor gestión de la información porque mientras los especialistas reparan la brecha provocada por el iceberg vírico, ustedes, políticos, deben mantener el barco de la serenidad a flote, no sea que cunda el pánico y les provoque un motín de gente tirándose por la borda del desconocimiento al no haber escuchado las órdenes precisas y oportunas.