UN ENFOQUE PLURAL

POCO O nada queda por escribir o argumentar sobre el laberinto catalán. Ningún argumento ganará peso entre quien tenga absolutamente clara su postura. La única diferencia, y a los hechos me remito, es la manera de actuar de cada cual.
Y no. No hay presos políticos. Hay víctimas de los políticos y una sociedad obligada a enfrentarse por unos ultranacionalistas que han dejado claro que «o con ellos o contra ellos». Cataluña no arde por acción de la Justicia. Arde por quienes la incumplen. Nadie cuestiona los resultados electorales. Nadie cuestiona los pactos de poder para una investidura u otra. Y ningún juez dicta sus sentencias en base a ideas políticas porque, de ser así, los abogados de los Turull, Forcadell, Romeva, o Bassa y Rull estarían frotándose las manos, cosas que no sucede. En cambio, sí que se señalan a personas, comercios y colectivos en función de sus ideas políticas. Y el dedo acusador no proviene precisamente del bloque constitucionalista. Hasta los Mossos d’Esquadra han pasado de héroes a villanos en el momento en que han comenzado a cumplir con sus funciones.
El nacionalismo catalán basaba su fuerza en el poder del farol. Un farol que formaba parte del juego para que la Comunidad de Cataluña adquiriese mayores ventajas económicas por parte del gobierno central. Esta lógica maquiavélica, que a su vez servía para despistar los movimientos económicos de los Pujol y su red clientelar, saltó por los aires por un error de proporciones catastróficas. Y fue la elección de Puigdemont como sucesor de Artur Mas. Pensaban que Carles comprendía el ‘modus operandi’ del juego histórico. Y se equivocaron. Carles Puigdemont, el «puto amu», se había creído a pies juntillas, como esos niños adoctrinados, un relato totalmente carente de legitimidad histórica que servía para la consolidación de un grupo de lobbies. Y, con los peores aliados posibles, se comprometió a llevar a cabo la misión para la que pensaba que había nacido. Es lo que tiene el adoctrinamiento, que siempre acaba descontrolándose y rebelándose incluso contra sus propios autores.