Comentarios liberales
Sin la persecución religiosa es imposible entender a Franco
La mayoría del bando nacional se creyó, con razón, perseguida por la República y durante la guerra por ser católica; y vio en el sacrificio de fieles y clérigos, no pocos mártires, la legitimación del Alzamiento y del régimen posterior
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Actualizado Domingo, 23 noviembre 2025 – 22:51
Con unanimidad soviética, todos los programas especiales en prensa, radio y televisión, los actos públicos e institucionales, los títeres en el Congreso, los adolescentes llamados a opinar sobre lo que desconocen, el fervorín y el acabose han coincidido, en estos 50 años desde la muerte de Franco sólo en una cosa: ocultar lo que siempre se consideró factor clave en el estallido de la Guerra Civil, el triunfo del bando nacional y la larga supervivencia del régimen de Franco, que es la persecución religiosa y la matanza de católicos durante la II República y la Guerra Civil.
La Constitución republicana, genuinamente masónica, a la mexicana, que el presidente Niceto Alcalá Zamora consideró absurdamente hostil a los católicos, fue precedida por la quema de iglesias y conventos, que el nuevo Gobierno se negó a impedir: «Todas las iglesias de Madrid no valen la vida de un republicano», dijo Azaña. El comienzo formal de la persecución religiosa se produce durante el golpe de Estado de 1934, cuando el PSOE, y ERC se niegan a reconocer el triunfo electoral de la derecha. Perdida la batalla, entraron en la catedral de Oviedo y volaron la Cámara Santa, con las joyas más importantes de la Reconquista y de la cristiandad europea. Y allí también se empezó a matar curas y católicos por el hecho de serlo. En 1936, antes incluso del 18 de julio, los crímenes desembocaron en la mayor matanza de cristianos en toda la historia de la Iglesia: 8.000 curas, monjas y frailes fueron torturados, violados y asesinados, muchas veces en público, por llevar un hábito y negarse a apostatar. La mayoría de los secuestrados y asesinados en las checas y grandes sacas como la de Paracuellos lo fueron por ser católicos o de derechas, que, para los asesinos, era igual. ¿Y hoy?
Tras el asesinato de Calvo Sotelo, el alzamiento contra el Frente Popular, con todos los partidos parlamentarios de oposición respaldando al Ejército, está unido por la religión. Franco, ferviente católico, organiza su régimen en torno a ritos y costumbres populares católicos. No se trata de discutir sus razones, sino de constatar que la mayoría del bando nacional se creyó, con razón, perseguida por la República y durante la guerra por ser católica; y que vio en el sacrificio de fieles y clérigos, no pocos mártires, la legitimación del Alzamiento y del régimen posterior. Si la Iglesia renegó en el Vaticano II de sus mártires, España no puede renegar de su historia.