Guerras en el mundo | Una paz que hace agua

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Las Provincias
 Abrir en navegador      Encarni Bao AguirreLunes 17 de noviembre de 2025  Una paz que hace aguaHola, Manuel:Israel está ganando el alto el fuego en Gaza. No solo por continuar con los bombardeos diarios, la destrucción sistemática de lo poco que sigue en pie y el bloqueo de la ayuda imprescindible. Sobre todo, por su éxito a la hora de conseguir que los gobiernos del mundo miren para otro lado ante imágenes tan estremecedoras como las de cientos de miles de gazatíes a la intemperie en medio de un temporal que anuncia ya las penalidades que traerá el invierno.La ayuda imposibleDe los siete pasos que comunican Gaza con el resto del mundo, solo tres están abiertos. La cuidadosa dosificación de la entrada de suministros por parte del Gobierno israelí depara curiosidades como que gran parte de los camiones introducen mercancía no esencial para vender en un territorio en el que casi nadie puede comprar. Ordenadores portátiles, ‘smartphones’, chocolate o galletas permiten a las autoridades de ocupación difundir una falta idea de ‘abundancia’ en un enclave en el que se precisan con urgencia alojamientos prefabricados, alimento para bebés, agua potable o material médico.La ofensiva israelí que siguió a los ataques de Hamás del 7-O ha dejado en la Franja más de 20.000 civiles amputados, una cuarta parte de ellos niños, según la ONU. La única ayuda que reciben estas víctimas para evitar su total postración son prótesis improvisadas con tuberías de desagüe y cuerdas.Las inundaciones del fin de semana llegan a un territorio que alberga la mayor concentración de munición sin detonar del mundo. Las lluvias convierten en inhabitables las precarias tiendas de tela y anegan un suelo sin infraestructura de saneamiento.Ahora, la ONUEl ‘plan de paz’ de Donald Trump hace agua a la hora de paliar siquiera el sufrimiento de los gazatíes. Pero chapotea también en la imposibilidad de completar su primera fase, con un alto el fuego real, y de avanzar en los siguientes pasos.Estados Unidos lleva diez meses minando la legitimidad de los organismos multilaterales y ahora se acuerda de la ONU. El programa negociado por estadounidenses e israelíes, una continuación de la colonización de Gaza, busca esta noche la aprobación del Consejo de Seguridad. Las objeciones de Rusia y China carecen de valor por la colaboración de ambos países contra Ucrania. Washington cuenta con el aval de varios Estados árabes para instalar una ‘junta de paz’ a modo de gobierno provisional, sin participación palestina, y una fuerza de estabilización que toparía con un hueso duro de roer: el desarme de Hamás.Y al final, ‘míster no’, Benjamin Netanyahu, que rechaza incluso el débil esbozo, sin calendario, de caminar hacia un Estado palestino que recoge el proyecto de resolución del Consejo de Seguridad. Trump recibe mañana en la Casa Blanca a Mohamed bin Salmán, partidario de la autodeterminación de los territorios ocupados e interesado a la vez en reforzar su defensa con F-35 estadounidenses. ¿Cómo conciliará el presidente de EE UU su ansia de hacer negocios con el heredero saudí y el obstruccionismo del primer ministro hebreo?Más sancionesEsta madrugada, de regreso de jugar al golf, Donald Trump anunció una nueva ronda de sanciones contra Rusia por la guerra en Ucrania. La primera tanda de castigo aún no está en vigor, pero el presidente dice respaldar a los legisladores que trabajan en supuestos aranceles secundarios, que caerían sobre cualquier país que comercie con Moscú.Trump lleva días vapuleado por las revelaciones del ‘caso Epstein’, que tienen su ramificación en el conflicto ucraniano. Se supone que el financiero pedófilo se ofreció a asesorar a los rusos sobre cómo tratar con el mandatario republicano, de modo que el Kremlin pudiera tener influencia sobre él. Para algunos analistas, esta circunstancia ayudaría a explicar por qué el periódico ánimo punitivo de Trump hacia Vladímir Putin termina siempre en nada.Entretanto, en UcraniaVolodímir Zelenski está de gira europea; ayer Grecia, hoy Francia y mañana España. El presidente ucraniano vive horas bajas, no sólo por la reiteración de los ataques rusos, sino por el escándalo de corrupción en su sector energético. Los ciudadanos sacudidos por apagones hasta de 16 horas diarias descubren con espanto cómo ministros y altos funcionarios, algunos muy cercanos a la presidencia, se lucraban a costa de exprimir los fondos destinados a recuperar las instalaciones. Zelenski se juega su futuro en la actuación contra la corrupción, que debilita peligrosamente su autoridad moral ante los aliados de la Unión Europea.Esta circunstancia, y la persistente escasez de soldados que padece Ucrania, favorecen algunas declaraciones estridentes que seguro ponen en guardia al dirigente ucraniano. «Zelenski debe asegurarse de que los jóvenes no vengan a Alemania en número cada vez mayor, de que sirvan a su país, donde se les necesita», dice Friedrich Merz, el canciller alemán.
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