Abrir en navegador Encarni Bao AguirreLunes 20 de octubre de 2025 Hasta el cuelloBuenas tardes, Manuel:Ahora que su ‘plan de paz’ para Oriente Próximo apenas logra contener el ansia de Israel por romper el muy precario alto el fuego, es buen momento para ‘trasladar’ lo que representaría aplicar el ‘método Trump’ de resolución de conflictos a Ucrania, de la mano del periodista y analista político gazatí Mohamed Sehada. La impaciencia del presidente de EE UU por apuntarse éxitos imaginarios instalaría en Kiev un gobierno designado por Rusia, China e Irán, dirigido por una junta que bien podrían liderar Tony Blair y el mismo Donald Trump. Moscú se retiraría por etapas, solo cuando considerase que los ucranianos no representan una amenaza, hasta una zona de amortiguación equivalente al 15% del país vecino. Una fuerza internacional de estabilización garantizaría la seguridad de Rusia. El poder títere que sucediera a Zelenski debería retirar las demandas ante la Corte Penal Internacional y renunciar a unirse a tratados u organizaciones internacionales sin permiso del Kremlin. Y a otra cosa. Donald Trump y Benjamín Netanyahu, en la Casa Blanca. EFEUn hombre soloDespués de ver la rueda de prensa de Volodímir Zelenski del viernes, con la valla de la Casa Blanca a su espalda, solo ante los periodistas mientras su anfitrión volaba hacia su residencia de Palm Beach, podía intuirse que el encuentro no pudo ir peor para Ucrania.No por la negativa de Donald Trump a venderle misiles Tomahawk, una idea que probablemente ni se le pasaba por la cabeza o que solo actuó como señuelo para recibir una llamada del Kremlin. Dos horas y media duró la conversación con Moscú y después, el presidente de EE UU recuperó a lo grande la narrativa del invasor, incluida una supuesta cumbre con Putin en Budapest. Suficiente para entretener durante unos días a los que trazan posibles rutas de vuelo de un acusado de crímenes de guerra para llegar a Hungría. Suficiente para reactivar la «misión de paz» que guía a Viktor Orbán, tan necesitado de un empujoncito para sus elecciones en primavera. Y suficiente para que Europa ponga a la humillación buena cara, si es «por la paz».En el encuentro entre Trump y Zelenski parece que hubo gritos y abundantes ‘fuck’ por parte del presidente estadounidense. Ucrania recibió nuevas presiones para congelar la guerra en la línea del frente, y aceptar después la supuesta propuesta del Kremlin de ceder todo el territorio de Donetsk, que Moscú no ha logrado conquistar en casi cuatro años de invasión. Entregar su región más fortificada expondría de inmediato al resto del país a la ambición de Putin. Tendría un impacto probablemente irreversible en la moral de los ucranianos, que regalarían el escenario en el que libran las batallas más feroces. Donetsk es hogar de gente que conoce bien lo que significa la ocupación: torturas, secuestro de niños, fosas comunes.Después del nuevo desaire estadounidense, Zelenski habló con sus aliados europeos. Y seguramente no le gustaron algunas de las ideas que escuchó. El canciller alemán declaró que Ucrania «necesita un plan de paz». Y el presidente finlandés, ocasional compañero de golf de Trump, interpretó sus supuestos designios: «No necesitamos tanto el poder de la zanahoria para convencer a Rusia de que negocie, sino el poder del látigo para obligarle a hacerlo. Y eso es exactamente lo que Trump está intentando hacer». Será como dice Alexander Stubb, pero no parece. Trump y Zelenski, durante su encuentro en la Casa Blanca. EFEBombardeo de mierdaUn periodista del Huffpost preguntó a la portavoz de la Casa Blanca quién había elegido precisamente Budapest para la cumbre con Putin. «Tu madre», contestó Caroline Leavitt. Después llegó el vídeo en el que Trump respondió a las multitudinarias manifestaciones bajo el emblema ‘No Kings’ en las grandes ciudades de EE UU. Ya lo han podido ver, a los mandos de un caza, arrojando toneladas de mierda encima de los manifestantes. La Inteligencia Artificial proporciona al presidente la versión escatológica de lo que ya está llevando a cabo con sus despliegues militares en Los Ángeles o Washington, con sus redadas contra inmigrantes, con un cierre de la Administración federal que ya dura tres semanas. No conviene echar en saco roto la imagen de una avión militar estadounidense atacando a sus propios ciudadanos.Netanyahu ya no engañaEl alto el fuego decretado por EE UU en Gaza convive con muertes por doquier. Las de los adversarios de Hamás, en un momento en que los islamistas aprovechan para consolidarse frente a las milicias de delincuentes que respalda Israel. Y las de los civiles que siguen cayendo por decenas bajo el fuego del ejército ocupante, como la familia de once miembros, siete de ellos niños, que viajaba en un minibús «amenazador».El primer ministro israelí decretó el silencio sobre los sucesos de ayer en Rafah, en los que murieron dos soldados en circunstancias que siguen sin poder aclararse de manera independiente. Esto no fue obstáculo para que EE UU volviera a torcer el brazo a Benjamin Netanyahu, que ya había detenido cualquier ayuda humanitaria a la Franja por una supuesta «violación del alto el fuego» que atribuía a Hamás. Washington sabe que los islamistas son los menos interesados en reventar la tregua. Y el mundo sabe igualmente que Netanyahu ya no engaña ni a su gran aliado y patrocinadorEl retraso de Hamás en devolver los cadáveres de los rehenes sigue ocupando merecida atención. Más de la que recibe la entrega por parte de Israel de cuerpos de presos no identificados, esposados y con los ojos vendados. Sus familias apenas alcanzan a reconocerlos, por las graves señales de torturas, la falta de extremidades o de dientes, las quemaduras. |