Hola, Manuel
Estos días de agitación en los cielos bálticos resulta inevitable recordar otro momento muy tenso hace casi diez años. El 24 de noviembre de 2015, Turquía derribó un SU-24 ruso que violó su espacio aéreo cerca de la frontera con Siria. Ankara advirtió repetidamente al aparato antes de una decisión tan comprometida y finalmente lo abatió sobre territorio sirio. 17 segundos tardó Recep Tayyip Erdogan, al frente del país con el segundo ejército de la Alianza Atlántica, en dejar claras las reglas del juego a Vladímir Putin. Moscú protestó y tomó represalias en forma de reducción del turismo y de la importación de productos turcos. Pero un año después las aguas volvieron a su cauce y ahora Estambul es el escenario preferido de Putin cuando se trata de simular negociaciones de paz.
En aquel momento el autócrata ruso, que protegía a su aliado Bashar el-Asad, ya había empezado a enredar en serio también en Ucrania, alentaba el separatismo del Dombás y se había apoderado por la fuerza de Crimea. Y cuando la guerra desatada por el Kremlin en el corazón de Europa camina hacia su cuarto año -quién iba a decirlo, cuando era una ‘operación militar especial’ que duraría tres días-, Putin se impacienta y agita sus tentáculos.
¿Un error?
Solo en los últimos doce días se produjeron cuatro incursiones rusas en el espacio aéreo de la Alianza Atlántica: drones en Polonia y Rumanía, y aviones de combate equipados con misiles de nuevo sobre territorio polaco y en Estonia. Nada menos que durante doce minutos se pasearon los cazas sobre suelo estonio antes de ser interceptados.
Rusia pone a prueba el dispositivo previsto por la OTAN para proteger su frontera oriental. Los recientes episodios se tratarán mañana en el seno de la Alianza, que tendrá oportunidad de responder a las críticas sobre lo caro que resultó el derribo de los drones en Polonia, la admisión por Varsovia de que tiene mucho que aprender de los ucranianos o si resultan adecuados o no los tiempos de respuesta. Sería buen momento también para revisar la estrategia de disuasión, ahora que países como República Checa se dicen partidarios de disparar a la próxima aeronave infractora.
Se desconoce si ya estará informado Donald Trump de los últimos sucesos. Desde la ignorancia, aventuró que «podía tratarse de un error» de Rusia. Al tiempo que el Kremlin prodiga desvergonzados sobrevuelos, se conoce que a finales de agosto el Pentágono comunicó a diplomáticos europeos que Estados Unidos planea recortar su asistencia de seguridad a Estonia, Letonia y Lituania. Qué decisión más oportuna… Un tal David Baker aleccionó a sus interlocutores sobre la necesidad de que Europa se sacuda la dependencia del ‘amigo americano’.
La semana de la ONU
Mañana comienza en Nueva York la Asamblea General de Naciones Unidas, en la que se espera el retorno de Donald Trump. El artífice de este nuevo mundo sin más reglas que las que él dispone regresa a un foro que para él carece de importancia. Seguramente no lo abandonará, preferirá seguir obstaculizando cualquier esfuerzo multitaleral. El presidente de Ucrania ha anunciado que se entrevistará con Trump, en un momento en que el inquilino de la Casa Blanca querría desentenderse de Ucrania después de ver fracasar sus supuestos esfuerzos por atraer a Putin a un final negociado del conflicto.
Con Palestina
Trump pretendía excluir a Palestina del encuentro anual de la ONU por el procedimiento de negar la entrada en EE UU a sus representantes. Pero se anuncia la intervención de la Autoridad Nacional Palestina por videoconferencia. Cuatro nuevos países se sumaron ayer a su reconocimiento como Estado: Reino Unido, antigua potencia colonial; Canadá, Australia y Portugal, a los que se sumará Francia. Con estas decisiones son casi 160 naciones, de las 193 presentes en la Asamblea General, las que respaldan un camino de entendimiento en Oriente Próximo.
El primer ministro israelí buscará en Nueva York el plácet de Trump para «responder», a su vuelta, al creciente apoyo a un Estado palestino que «nunca permitirá». En Gaza, quince de cada dieciséis asesinados desde el pasado marzo son civiles. Y no se descarta que Netanyahu avance en la anexión de Cisjordania para cercenar, en la práctica, cualquier futuro para los palestinos
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