Queremos políticos que nos mientan
El Gobierno de Bayrou fue derrocado esta semana por la extrema derecha e izquierda francesas tras anunciar que son necesarias dolorosas reformas del Estado del bienestar. En España, en cambio, Sánchez habla de «mila

Actualizado Sábado, 13 septiembre 2025 – 00:11
La extrema derecha e izquierda francesas, fraternalmente unidas en su intento de derrocar la Quinta República y en su antiliberalismo putinejo, lograron tumbar esta semana al Gobierno de Bayrou. Fugaz primer ministro que osó dirigirse con total y cruda honestidad al pueblo francés para decirles que están viviendo en el engaño de creer que el Estado del bienestar, tal como lo disfrutan, es sostenible en el tiempo. Y que, por lo tanto, será inevitable afrontar importantes reformas y asumir grandes sacrificios para recortar el gasto público si quieren salvar el sistema.
Esta valiente confesión significó su inmediato suicidio político, por la incompatibilidad de la sociedad actual con la verdad y los hechos.
El creciente rechazo infantil a la realidad más amarga propicia, además, la proliferación de líderes políticos que llegan y se mantienen en el poder complaciendo, a base de mentiras, ilusionismo y propaganda, ese deseo generalizado de vivir, cuanto sea posible, en una ficción más o menos cómoda. La voluntad de no saber demasiado.
La inesperada sinceridad de Bayrou resulta especialmente dolorosa si se refleja en el espejo de PedroSánchez, quien lleva tres años escondiendo a los españoles la gravedad de la amenaza militar rusa a Europa, agitando un falso discurso pacifista para eludir sus responsabilidades con la OTAN y no cabrear a sus socios de Gobierno.
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Si bien la mentira más dañina del sanchismo es la cacareada bonanza económica. «El comienzo de una nueva revolución industrial», vaticina el presidente, mientras la deuda pública sobre el PIB es del 103%, el asalariado medio ha perdido un 4% de poder adquisitivo desde el año 2021 y un tercio de los alumnos de primaria llega cada mañana al colegio con hambre de pobre, según un estudio de Esade.
Junto a la consagración de la figura del caudillo mentiroso, la ceguera en la que tantos han decidido sobrevivir agrava también el sentimiento de intolerancia a toda voz que cuestione su realidad interpretativa. La mentira colectiva no acepta herejías ni bromas. Exige eliminar a toda disidencia de la conversación pública y de la vida institucional.
Por eso, aunque son casos que guardan evidentes diferencias entre sí, la violencia contra el equipo israelí en la Vuelta, el asesinato del joven activista de la derecha norteamericana Charlie Kirk o el aviso de Félix Bolaños de que en las elecciones se decidirá entre Sánchez o «la barbarie» (el PP y Vox) parten de una misma lógica de exclusión totalitaria: la negación del otro.