Bajad las armas

Salvador y misionero

A quien Puigdemont desea ver humillado a sus pies es a Pedro Sánchez en persona. Y eso es exactamente lo que pasará

Salvador y misionero
Ulises Culebro

Actualizado Lunes, 1 septiembre 2025

El justiciable más influyente de la política española recibirá hoy en el extranjero la visita del presidente de la Generalitat, que es un hombre muy amable, como los Fernández. El mullido Illa acudirá a Bruselas, se tenderá en el suelo y rogará a Carles Puigdemont que lo pise en señal de penitencia por todas las veces en que lo acusó de haber huido de la Justicia. O por aquella ocasión en que juró que no habría amnistía «ni nada de eso». O por una vida entera de militancia progresista defendiendo que deben pagar más los que más tienen. Todo esto ocurrió en el cretácico, antes de que Pedro necesitase los siete votos de Junts para aprobar cualquier cosa, incluidos los presupuestos generales, que no son cualquier cosa pero como si lo fueran: como el propio papel ya mojado de la Constitución. Empapado en el grasiento escabeche de los mejillones belgas que constituyen desde hace siete años la dieta principal de nuestro prófugo.

Su misión, la de don Salvador, se escribe todo junto: sumisión. Y no es fácil ser alfombra, pero Illa borda el papel. Primero olvida la dignidad del cargo que ocupa, después arremete contra los jueces del Supremo por no avenirse a amnistiar la malversación y en todo momento conserva en la garganta el eco de un susurro, no se sabe si de confesor o de penitente, al objeto de no herir los delicados tímpanos del fugado. Hablar bajito es la piedra angular sobre la que don Salvador ha edificado la iglesia de su trayectoria política. Cuando todos vociferan a tu alrededor, cuando compartes coro con las aguardentosas cuerdas vocales de Óscar Puente, basta hablar bajito para que el personal te tome por un estadista.

¿Triunfará el mullido Illa allí donde fracasaron Santos Cerdán y José Luis Rodríguez Zapatero? No cabe subestimar la voracidad del minotauro de Waterloo: dos de los mancebos más audaces del socialismo español han acabado deglutidos por la bestia de tremolante penacho o de invariable flequillo. ¿Será Salvador su postre? ¿Qué nuevos tributos, cesiones y órganos palpitantes del Estado le serán ofrecidos esta vez para aplacar su irrefrenable tendencia a tumbar votaciones parlamentarias?

Todo apunta a que la misión pedagógica o el desvelo catequético del padre Salvador servirán para convertir al impío gerundense a la fe en la gobernabilidad de España. Porque a quien Puigdemont desea ver humillado a sus pies es a Pedro Sánchez en persona. Y eso es exactamente lo que pasará

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