Debe recordarse que llegó a presidente por la cara

Y él les dijo: «Mirad si lo estoy pasando mal que he perdido varios kilos»

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.EFE

Arcadi Espada

Arcadi Espada

Actualizado Miércoles

Desde hace meses el aspecto del presidente del Gobierno ha sufrido un deterioro visible. En sus últimas intervenciones públicas, durante la visita a algunas zonas incendiadas, seguía apreciándosele una considerable delgadez, y su rostro demacrado no daba señales de haber tenido vacaciones. He visto un clip sobre su intervención en Orense del 17 de agosto, y su aspecto rozaba lo inquietante. Incluso su deslavazado discurso se correspondía con su apariencia. Aunque mejoró su cara, no lo hizo la coherencia de sus palabras, cinco días después en Asturias. Una sola vez se ha referido el presidente a su estado físico. Fue el 4 de julio, en su encuentro con un grupo de feministas del partido. Según narraba su escriba Carlos Cué en la prensa socialdemócrata, las mujeres «lo vieron muy abatido, muy delgado». Y él les dijo: «Mirad si lo estoy pasando mal que he perdido varios kilos». La causa que identificó con su mal era haber confiado, política y personalmente, en indeseables.

El aspecto del presidente ha provocado muchos comentarios. La mayoría de ellos basados en la venganza. El presidente, que al parecer es un hombre guapo, ya no es aquel Narciso sino su charco. La pulsión se comprende. Primero, porque tarde o temprano llega inexorable el momento de los feos. Y segundo, porque si Sánchez es presidente por la cara, ahora le habría llegado en consecuencia el momento de dimitir. Pero más allá de estas agradables y piadosas zalemas hay un hecho políticamente relevante, y es que ni la oposición ni el comentario hayan exigido a Sánchez que dé noticias detalladas de su estado de salud. Recuerdo bien cuando la prensa americana y la oposición demócrata se abalanzaron sobre Trump porque en los análisis de sangre que había exhibido sus niveles de Psa (antígeno prostático) no eran los propios de un hombre de su edad provecta. Trump tuvo que confesar que se debía a su medicación con Finasterida, que le da buen pelo pero enmascara su próstata. La tradición política española está lejana a semejantes exigencias, pero una súbita pérdida de peso y un deterioro físico como los del presidente merecen una explicación oficial y pormenorizada. La salud del presidente no es un asunto privado.

Por lo demás, la oposición haría bien en no hacerse ilusiones y recordar a Titono. Que, por obra del gran Zeus, dejó de ser hermoso, pero siguió siendo eterno.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar