Diario de un peregrino. Capítulo 4.
Leopoldo Bernabeu
Aquí me tienes de nuevo. Me dejan seguir escribiendo sin saber a que se exponen. Quizás buscan en mis escritos la necesidad de evasión que no ofrecen los habituales. Coincidimos en la penuria que nos produce la cansina y tediosa actualidad. Sólo vende lo catastrófico, lo negativo, nosotros somos los primeros culpables al consumirlo por costumbre. Como nunca nos hemos interesado por la buenas noticias, ahora sólo nos queda la queja en la comida familiar y la mala leche para cambiarlo todo, justo después de bebernos dos cervezas pegando un puñetazo en la barra del bar delante de los amigotes. Quizás sea tarde.
Si tú también me leíste ayer y repites hoy, algo buscas. Quizás, sólo quizás, conseguí llamar tu atención. Pero no es cierto, sólo hice clic en la neurona que te pide cambio y lucha contra las demás, las acomodadas, las mismas que nos llevan a comer de más, a gastar de más y a lamentarnos cuando no vemos remedio a la vida que llevamos.
Ayer te hablé del Camino de Santiago como esa puerta de entrada a un mundo de posibilidades, la ventana que no habíamos querido abrir hasta entonces por puro miedo, aunque lo quieras llamar de otra manera. O quizás todo sea una exageración. Eso sólo lo decides tú, yo me limito a compartir mi experiencia. ¿Me acompañas?.
Nada que cueste llega con facilidad. La magia del Camino, tampoco. Sigo escribiendo de oídas, es mi primera vez aunque de él conozco mucho. Llevo 140 kilómetros en 4 magníficas etapas y desde el albergue de Sansol, al que acabo de llegar, esperando su típico plato de paella Valenciana para cenar, te escribo. Ya huele a ese sofrito que sólo alguien de aquellas tierras puede dominar. Iván lo sabe bien.
Todo esto nos suena a relato de vacaciones, lo es, pero aquí estamos confluyendo en la búsqueda de un cambio, una salida a la rutina. De lo contrario, no pasa nada, pero no pases por este artículo ni malgastes tu tiempo, tienes muchos otros. Se busca a valientes que quieran darse una oportunidad. Las playas de Benidorm o la Sierra de Cazorla, son dos maravillosas opciones para disfrutar del típico verano de siempre, que tampoco está nada mal.
Estoy cansado, me duelen los pies, empiezo a pensar que tendré que cambiar mis zapatillas, que no son baratas, y además de caminar 8 horas diarias, la fiesta peregrina cuesta dinero. ¿Qué hago entonces aquí?. Me busco, lo dije ayer. Quiero saber que quiero. No me interesa el dinero como argumento esclavista. Llevo algunos años despidiéndome de demasiada gente que se va antes de hora, y me asusta.
Piensa que también el Camino sirve para ponerte en forma, unos días perfectos para una dieta muy interesante. Ojo, si caminas de verdad y no te paras en cada oportunidad de saborear los ricos manjares que se ofrecen por las tierras del norte de España, que son muchos, muy variados y muy cerca unos de otros.
Necesitamos días para comprender la magia de la que nos han hablado. Si me dan la oportunidad, te lo seguiré contando. En esta primera semana he vivido algunos de esos instantes, pero es pronto. Empiezo a saborear lo que significa caminar en solitario, desprendiéndome del disimulado miedo que cubrimos al buscar compañía. La alegría de quienes se cruzan, la hospitalidad de quien te recibe y te ofrece lo que tiene, las historias de quienes coinciden contigo, la magia de las iglesias, templos, ermitas, cementerios e infinitos paisajes que ofrece el Camino, simulando el trascender de una buena película que pasa fugaz por tus ojos, suma puntos para aceptar que se puede vivir de otra manera. La mezcla de todo eso nos empieza a dar la primera visión.
El Camino de Santiago nos demuestra que no es obligatorio estar enganchado a la nefasta actualidad de la perversa clase política que nos mal gobierna. Se puede vivir sin televisión, radio y prensa y además es saludable. España es infinita. La multiplicación de paisajes y caminos que transcurren a tu alrededor cada jornada, lo demuestra. No la apreciamos y huimos buscando la felicidad en cualquier otro lugar, a ciegas, deprisa, casi sin pensar, como si nos persiguieran. Otros se aprovechan de ello.
Gastar nuestros ahorros realizando viajes a lejanos continentes no es la solución a ningún problema. Bien lo saben en muchas partes del mundo, el Camino representa el capítulo de la Biblia que nos habla de la Torre de Babel. Anoche éramos 9 en una mesa: 3 coreanos, 2 franceses, 1 italiano, 1 húngara, 1 hindú y quien te escribe. No nos hizo falta utilizar pinganillos con cargo al erario público para entendernos y reír durante horas. Disfrutar de la vida es hacer justo lo contrario de lo que pretenden quienes burocratizan hasta el aire que respiramos, dándonos lecciones de todo sin haber levantado una persiana en la vida. Los elegimos nosotros.
El Camino de Santiago es lo que tú quieras que sea. Dicen que sirve para cambiarnos. Supongo que sí, pero primero hay que querer cambiar. El mono de la rutina, esa peligrosa droga de la que nadie nos advirtió, nos produce desasosiego y miedo. La duda y la incertidumbre son nuestras aliadas. Entiéndete con ellas como lo hago yo con mi cojín sandía. El mejor regalo que me ha dado este Camino que acaba de empezar, le debo dormir como un lirón. Entre él y los podcast de misterio, mi pack es completo.
Mañana entraré en La Rioja y espero seguir disfrutando al tiempo que despejo mi presente, enderezo mi futuro y ahuyento mis miedos. Te aconsejo que hagas lo mismo, seguro que estás a tiempo. Buen Camino.
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