David Bernabéu López


Leopoldo David Bernabeu Lopez

Leopoldo David Bernabeu.

Estaba en la agenda de la memoria. Esa que nunca olvida y, sin embargo, se aprovecha sin piedad y sin permiso de la infinita paciencia. Años viendo, escuchando y leyendo sobre el Camino de Santiago, en los últimos tiempos más enamorado aún del anhelo que se renueva cada mañana, al ver como algunos peregrinos, convertidos ya en mis héroes tras haber pasado el filtro de la amistad, disfrutan, una y otra vez, haciendo los diferentes Caminos que hasta el apóstol conducen. Los 6 recorridos de mi pareja también han influido lo suyo.

Dos años de promesas incumplidas, con fechas marcadas a fuego en el calendario que después se caían, han dejado paso, con tanta incertidumbre como misterio, a mi primera experiencia en el Camino. No hay vuelta atrás, acabo de empezar la aventura. Dudas hasta última hora, pero de otro estilo, eso que te hace débil ante lo desconocido. ¿Lo hago sólo o me uno a alguien?.

Un autobús me lleva hasta Pamplona durante toda una noche de duermevela. Y en la capital, dos semanas después de ver esas calles abarrotadas de gente corriendo los encierros, camino sólo en la madrugada por Estafeta hasta San Fermín, dando los buenos días al alba que me recibe con frío y unas gotas de lluvia. Esto ya no es Benidorm.

Otro autobús me lleva hasta Sant Jean Pie du Port y empiezo a darme cuenta de que esto va en serio. He puesto el punto y final con elegancia a una gran temporada de radio. Es mi turno, pero no he tenido tiempo de mentalizarme. Curiosa conclusión tras tantas horas de espejismo viendo y leyendo sobre el Camino. La realidad es bien distinta. Sobre el terreno y ya en la Galia, toca correr hacia el primer albergue, con acepto francés. Y sí, es verdad, en el Camino sólo encuentras bondad. Todos somos distintos, es el ambiente quien nos cambia para recordarnos que somos personas. Nadie desespera, cabemos todos. Un refugio hospital nos recibe y, sin tiempo para disimular, 16 peregrinos, llegados de todos los lugares que suma la Torre de Babel, nos hacemos la cama y empezamos a desperezarnos de nuestros miedos. Algunos somos novatos y todos vírgenes ante el Camino francés.

Mi tensión se nota, es normal. Dominarla me hará disfrutar más. Por momentos creo haber perdido esto y lo otro, nada real. Es lo que tiene salirse de tu zona de confort. Un paseo por una zona medieval que conocía de anteriores visitas con Autocaravana Vivir y una curiosa misa del Peregrino en la que no he entendido nada, pero me ha encantado y me ha servido para acordarme de mis padres y encenderles su vela. También algo de comida antes de volver a dormir en una cama 48 horas después. Podcast de misterio, algún rezo para que nadie ronque en exceso y a dormir en una primera noche sin sobresaltos, que siempre recordaré y en la que he dormido mucho mejor de lo previsto.

No suena ninguna alarma, no hacen falta. Son las 6 y muchos ya están en marcha, alguno incluso se ha ido. Perfecto, yo también. Todo recogido, un rico café y a dar comienzo al Camino. Por delante la etapa más dura, con diferencia, hasta Santiago. 25 kilómetros me separan de Roncenvalles por la ruta de Napoleón, prohibida en invierno. Normal. Que no te engañen, dura de cojones. Hasta Orisson, los primeros 8 kilómetros, una pared vertical. Si lo quieres más dulce, busca otro artículo. Los siguientes 10, hasta coronar, muy duros también, pero algo más livianos. Si le unes, la lluvia, la niebla y el viento helado, el bautismo no ha podido ser mejor. Los 9.000 kilómetros caminados en mis últimos 21 meses han dado sus frutos.

La anécdota del dia, para mí importante trauma, ha llegado al tocarme el costado y ver que no tenía el móvil. No podría estar ahora escribiendo. Estaba llegando a Roncesvalles. Soltar la mochila y otra vez hacia arriba con el corazón en la boca. Todo solucionado. Estaba dentro, pero no lo supe ver. 5 kilómetros extras, los más duros hechos dos veces. Fantástico. Será la anécdota que contaré siempre.vid Bernabeu Lopez


a agenda de la memoria. Esa que nunca olvida y, sin embargo, se aprovecha sin piedad y sin permiso de la infinita paciencia. Años viendo, escuchando y leyendo sobre el Camino de Santiago, en los últimos tiempos más enamorado aún del anhelo que se renueva cada mañana, al ver como algunos peregrinos, convertidos ya en mis héroes tras haber pasado el filtro de la amistad, disfrutan, una y otra vez, haciendo los diferentes Caminos que hasta el apóstol conducen. Los 6 recorridos de mi pareja también han influido lo suyo.

Dos años de promesas incumplidas, con fechas marcadas a fuego en el calendario que después se caían, han dejado paso, con tanta incertidumbre como misterio, a mi primera experiencia en el Camino. No hay vuelta atrás, acabo de empezar la aventura. Dudas hasta última hora, pero de otro estilo, eso que te hace débil ante lo desconocido. ¿Lo hago sólo o me uno a alguien?.

Un autobús me lleva hasta Pamplona durante toda una noche de duermevela. Y en la capital, dos semanas después de ver esas calles abarrotadas de gente corriendo los encierros, camino sólo en la madrugada por Estafeta hasta San Fermín, dando los buenos días al alba que me recibe con frío y unas gotas de lluvia. Esto ya no es Benidorm.

Otro autobús me lleva hasta Sant Jean Pie du Port y empiezo a darme cuenta de que esto va en serio. He puesto el punto y final con elegancia a una gran temporada de radio. Es mi turno, pero no he tenido tiempo de mentalizarme. Curiosa conclusión tras tantas horas de espejismo viendo y leyendo sobre el Camino. La realidad es bien distinta. Sobre el terreno y ya en la Galia, toca correr hacia el primer albergue, con acepto francés. Y sí, es verdad, en el Camino sólo encuentras bondad. Todos somos distintos, es el ambiente quien nos cambia para recordarnos que somos personas. Nadie desespera, cabemos todos. Un refugio hospital nos recibe y, sin tiempo para disimular, 16 peregrinos, llegados de todos los lugares que suma la Torre de Babel, nos hacemos la cama y empezamos a desperezarnos de nuestros miedos. Algunos somos novatos y todos vírgenes ante el Camino francés.

Mi tensión se nota, es normal. Dominarla me hará disfrutar más. Por momentos creo haber perdido esto y lo otro, nada real. Es lo que tiene salirse de tu zona de confort. Un paseo por una zona medieval que conocía de anteriores visitas con Autocaravana Vivir y una curiosa misa del Peregrino en la que no he entendido nada, pero me ha encantado y me ha servido para acordarme de mis padres y encenderles su vela. También algo de comida antes de volver a dormir en una cama 48 horas después. Podcast de misterio, algún rezo para que nadie ronque en exceso y a dormir en una primera noche sin sobresaltos, que siempre recordaré y en la que he dormido mucho mejor de lo previsto.

No suena ninguna alarma, no hacen falta. Son las 6 y muchos ya están en marcha, alguno incluso se ha ido. Perfecto, yo también. Todo recogido, un rico café y a dar comienzo al Camino. Por delante la etapa más dura, con diferencia, hasta Santiago. 25 kilómetros me separan de Roncenvalles por la ruta de Napoleón, prohibida en invierno. Normal. Que no te engañen, dura de cojones. Hasta Orisson, los primeros 8 kilómetros, una pared vertical. Si lo quieres más dulce, busca otro artículo. Los siguientes 10, hasta coronar, muy duros también, pero algo más livianos. Si le unes, la lluvia, la niebla y el viento helado, el bautismo no ha podido ser mejor. Los 9.000 kilómetros caminados en mis últimos 21 meses han dado sus frutos.

La anécdota del dia, para mí importante trauma, ha llegado al tocarme el costado y ver que no tenía el móvil. No podría estar ahora escribiendo. Estaba llegando a Roncesvalles. Soltar la mochila y otra vez hacia arriba con el corazón en la boca. Todo solucionado. Estaba dentro, pero no lo supe ver. 5 kilómetros extras, los más duros hechos dos veces. Fantástico. Será la anécdota que contaré siempre.

Me encuentro muy bien de forma, demasiado bien, quizás pase factura más adelante. No quería pararme en Roncesvalles y no lo he hecho. El sendero que te lleva primero hasta Burguete y después hasta el Espinal, se han sumado a la bienvenida y con 40 kilómetros en las piernas, Gorka me ha recibido en el hostal Haizea. Una maravilla.

El Camino empieza bien. Los sobresaltos atemperan el espíritu y orientan la capacidad. Estoy aquí para seguir conociéndome. Acabo de inaugurar los 55 y empieza la segunda parte del partido. Si la primera no la cambio por nada del mundo, mi nuevo objetivo es que la segunda sea todavía mejor. La Certera Edad es un lujo si la tratamos con cariño.

El miedo, la incertidumbre, la duda, la lluvia y el frío, la amistad temprana y sincera de Joan y Oliver, la conversación espontánea que tanto se agradece, la noche, el frío, la madrugada… gracias a todos.

Mañana será otro día y mi intención es seguir contándotelo.

Me encuentro muy bien de forma, demasiado bien, quizás pase factura más adelante. No quería pararme en Roncesvalles y no lo he hecho. El sendero que te lleva primero hasta Burguete y después hasta el Espinal, se han sumado a la bienvenida y con 40 kilómetros en las piernas, Gorka me ha recibido en el hostal Haizea. Una maravilla.

El Camino empieza bien. Los sobresaltos atemperan el espíritu y orientan la capacidad. Estoy aquí para seguir conociéndome. Acabo de inaugurar los 55 y empieza la segunda parte del partido. Si la primera no la cambio por nada del mundo, mi nuevo objetivo es que la segunda sea todavía mejor. La Certera Edad es un lujo si la tratamos con cariño.

El miedo, la incertidumbre, la duda, la lluvia y el frío, la amistad temprana y sincera de Joan y Oliver, la conversación espontánea que tanto se agradece, la noche, el frío, la madrugada… gracias a todos.

Mañana será otro día y mi intención es seguir contándotelo.

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