Placer y amistad

Sexo, comer y rodar: Bardem resucita a Bigas Luna

Sexo, comer y rodar: Bardem resucita a Bigas

Por José-Tomás Cruz Varela

Todos hemos escuchado en alguna ocasión, aunque actualmente con menos frecuencia, La frase, consejo, refrán “mezclar el sexo con la amistad nunca es conveniente» y siempre con un fondo de reproche o advertencia. Para empezar, la utilización del término mezclar no resulta precisamente el más adecuado, debiendo sustituirse por el infinitivo mantener. Semánticas aparte, ha quedado comprobado que hasta la ciencia carece de una respuesta exclusiva, en función de los distintos estudios y encuestas realizados, motivo por el cual en muchos casos las conclusiones obtenidas son contradictorias.

En principio cabría plantearse hasta que punto resulta correcto el establecimiento de límites para el disfrute de este tipo de placenteras relaciones entre personas libres y sin compromisos, como igualmente el vincularlo y concebirlo exclusivamente bajo el prisma amoroso. El sexo puede resultar altamente gratificante sin necesidad de obligados sentimientos. No parece muy lógico tampoco que el hecho de mantener encuentros esporádicos implique la pérdida del amigo/a. Normalmente, cuanto más elevado es el nivel intelectual-cultural, la posibilidad de ruptura es menor, lo que no significa que el cese de la actividad sexual suponga el final de la amistad.

En otro orden, la influencia ejercida por la cultura religiosa, esencialmente en el mundo rural, ha promovido y acompañado de un sentimiento de culpa tal actividad, que en nuestros días podría afirmarse que juega un papel intrascendente. La tendencia, más temprano que tarde, se orientará a considerar el sexo en estas circunstancias, como un acto de intercambio natural de placer y aceptación mutua, sin que obligatoriamente represente un compromiso futuro al margen de regalarse satisfacción.

Obviamente y como todos los cambios culturales precisan de un tiempo de análisis y reflexión. Si debe erradicarse la práctica del sexo a tenor de las condiciones expresadas en el párrafo anterior, cuando represente algún tipo de aprovechamiento del otro. Normalmente, el fracaso de las relaciones entre novios, parejas, matrimonios, aparece cuando una de las partes pretende conseguir algo más y sin contar con la aquiescencia del otro, nada que ver con el sexo mantenido voluntariamente como refuerzo de una amistad donde no existen obligaciones, exigencias ni exclusividades, con especial atención de esta última condición.

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Son muchas las personas, hombres y mujeres, que sienten deseos pero sin que ello supongan ataduras, condiciones ni compromisos. De lo contrario, si no se asumen tales conceptos, lo aconsejable es desistir antes de que aparezcan complicaciones, entre otras razones para no verse obligados a perder o romper una bonita e interesante amistad.

Algún día quizá lleguemos a ser capaces de no etiquetarlo todo, esencialmente referido a ciertas prácticas que si surgen y resultan… ¡pues genial! Pero sin más aditamentos. Los ideales en el sexo como por ejemplo el de mantener el mismo interés, deseo, atracción y satisfacción con la misma persona durante toda la vida: o es una utopía o una de las partes finge y miente muy bien. Para otros, el solo hecho de verse obligados/as a tener sexo con la misma persona durante toda su existencia, les resulta sencillamente angustioso. Si el lector de estas líneas no ha tenido nunca, o no se le ha presentado la oportunidad de materializar lo aquí expuesto en su época de libertad, absténgase de opinar, sensu contrario de lo sucedido con los expertos en estas lides, que sin duda podrán ilustrarnos y opinar infinitamente mejor que el pobre contenido de este escrito.

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