Benidorm

LA MIRADA DEL CORRESPONSAL

El secretario de Benedicto XVI, en el ojo del huracán

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  • CARMEN VALERO

Actualizado Lunes, 9 enero 2023 –

El arzobispo Georg Gänswein, custodio del Papa emérito, prepara un polémico libro de memorias en el que carga contra Francisco, de quien depende ahora su incierto futuro

Georg Gänswein y el papa Francisco
Georg Gänswein (i), junto con el papa Francisco, en el Vaticano, en 2016.AP

El arzobispo Georg Gänswein tiene un futuro incierto en la jerarquía de la Iglesia Católica tras la muerte de Benedicto XVI, a quien acompañó en su retiro por decisión del papa Francisco. La excedencia de Gänswein como prefecto de la Casa Pontificia, decisión que el arzobispo consideró una humillación, nunca se publicó en el Anuario Papal, por lo que oficialmente, el puesto sigue siendo suyo. De hecho, cuando Bergoglio se lo quitó de en medio, consciente de que eso mermaba su autoridad pero convencido «de que las humillaciones hacen mucho bien», le dijo: «Seguirás siendo prefecto, pero no vengas a trabajar a partir de mañana».

En Alemania, país natal de Gänswein como lo fue de Benedicto, se parte del hecho de que Bergolio no rehabilitará al arzobispo. Gänswein, nombrado por Benedicto albacea de su obra material, está demasiado dolido, sabe demasiado y en su libro de memorias Nient’altro che la Verità (Nada más que la verdad), que verá la luz el próximo día 12, lavará muchos trapos sucios.

Gänswein no ha dejado de ser noticia desde la muerte de Joseph Ratzinger. Los pasajes del libro que se han ido filtrando a la prensa son dardos contra Bergoglio. Una parte del estamento eclesiástico se siente ofendido por las revelaciones de Gänswein sobre la muerte de Benedicto. Consideran que el arzobispo atentó contra la intimidad del Papa emérito por desvelar que éste murió únicamente por enfermedad, pues él había viajado a Alemania para pasar el fin de año con su familia y que sus ultimas palabras fuera «Señor, te quiero». Ha molestado que besara el féretro del papa fallecido para provocar, presuntamente, una foto que publicitaría su libro. Y no ha gustado tampoco que, como heredero testamentario de Ratzinger, vaya a destruir algunos de los documentos y escritos dejados por el emérito.

«Los registros privados de cualquier tipo deben ser destruidos. Esto se aplica sin excepciones ni puertas traseras», ha declarado el arzobispo. Y deberán destruirse porque Benedicto dejó «instrucciones precisas» sobre lo que debía ocurrir con su biblioteca, manuscritos y libros. «Para este cumplimiento tengo la tarea de ejecutor», afirmó. La última vez que se actualizaron estas notas fue en 2021.

Gänswein nunca contó con la simpatía de Bergoglio y con el libro en ciernes se ha ganado muchos enemigos. Varios sacerdotes italianos han firmado en las redes sociales una carta abierta en la que piden al secretario del difunto Papa que detenga la publicación de su libro. La carta a Gänswein fue escrita por un sacerdote de la diócesis de Bérgamo, el padre Alberto Varinelli. En ella, los firmantes sostienen que los ataques a Francisco «harían un gran daño a la unidad de la Iglesia».. Le piden que guarde silencio, «como hizo el papa Benedicto cuando dimitió».

«Examine usted también cuidadosa y repetidamente su conciencia ante Dios, y si resulta que este texto es una colección de resentimientos y ataques, por favor deje de imprimir y comercializar el libro inmediatamente. Sería un noble gesto de un obispo que se sitúa del lado de la verdad y no cede a la tentación del resentimiento», reza la misiva.

A sus 66 años, Gänswein es demasiado joven para la jubilación arzobispal, que no suele llegar hasta los 75 años. Por eso, los vaticanistas llevan tiempo especulando sobre si su ahora único patrón, el papa Francisco, le tiene reservado algo más en el futuro.

El cariñoso recurso del Vaticano a los precedentes históricos también puede ser útil en el caso de Gänswein. En vista de la situación política de la Iglesia, es difícil imaginar que Francisco lo promueva a un puesto episcopal importante en su país, como hizo Benedicto XVI con el secretario privado de su predecesor cuando nombró a Stanislaw Dziwisz arzobispo de Cracovia en junio de 2005.

Una posible variante, sin embargo, sería el nombramiento de Gänswein como obispo en Baviera. A diferencia de lo que ocurre en otros estados alemanes, el Papa tiene gran libertad para decidir a quién nombra obispo en las diócesis bávaras.

Un escalón por debajo estaría el nombramiento como responsable de un gran lugar de peregrinación, de los que hay varios, no sólo en Baviera. Gänswein seguiría entonces los pasos de dos secretarios privados papales de las últimas décadas: El fiel asistente de Juan XXIII, Loris Capovilla, fue nombrado primero arzobispo de Chieti y más tarde «delegado papal» para el gran santuario mariano italiano de Loreto por su sucesor, el papa Pablo VI, y permaneció allí hasta 1988, cuando otro antiguo secretario privado papal tomó el relevo: Pasquale Macchi, que a su vez había servido a Pablo VI.

También sería concebible enviar a Gänswein como nuncio apostólico a un puesto «apropiado», preferiblemente en Europa o en el continente americano. El arzobispo es políglota y adquirió mucha experiencia en la escena diplomática como prefecto de la Casa Pontificia.

Hay otra opción. Gänswein es catedrático de Derecho canónico, por lo que en las cábalas que se están haciendo en Alemania acerca del futuro de Gänswein, que por cierto sigue siendo sacerdote de la archidiócesis de Friburgo, donde fue ordenado en 1984, está la enseñanza.

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