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La primavera madrileña

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  • MAITE RICO

Actualizado Sábado, 8 mayo 2021

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La primavera madrileña

Hemos estado dos años sumidos en el mundo paralelo que Pedro Sánchez y su nigromante Iván Redondo diseñaban en su laboratorio de La Moncloa. Paralizados como por un sortilegio, asumíamos como normal lo inaceptable, nos dejábamos enredar en una telaraña de mentiras asistíamos anestesiados a la destrucción de las instituciones y la convivencia.

El hechizo se rompió el 4 de mayo. En las elecciones de Madrid, se impuso la realidad. Como en la frase de Chico Marx, los madrileños creyeron a sus propios ojos y no al relato falsario que vendía empatía y marchas fraternas del 1 de mayo, mientras el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso iba por delante en la lucha contra la pandemia y salvaba la economía y el empleo. Los madrileños cerraron el pico a los señoritos de la intelectualidad, hipócritas abajofirmantes que pintaban un infierno fascista e insolidario.

Estas elecciones han desnudado, además, la miseria moral de una izquierda que odia a los ciudadanos. Pablo Iglesias, nuevo rico a base de diseminar odio, tuvo el cuajo de acusar a la otrora digna clase obrera de consolidar el «trumpismo». Ya lo decía su amigo Juan Carlos Monedero: votar a la derecha ganando 900 euros es de gilipollas. Tiene razón. Lo inteligente es ser de izquierdas y trincar más de 400.000 por un informe que nadie ha visto y olvidarse de declararlo al fisco. Y 26.000 de otro cotarro chavista con una factura que investiga un juez.

Tezanos, el impúdico presidente del CIS, descalificó a Ayuso y a los madrileños antes de las elecciones. A posteriori se le unió un ejército de periodistas y tuiteros augurando el advenimiento del Apocalipsis, cuando no deseando «una buena enfermedad» a los votantes del PP. Íñigo Errejón ha afeado los insultos de sus correligionarios. Bien. Aunque debería empezar por aleccionar a su candidata. Mónica García, madre, médica y dogmática, achacó ese voto equivocado a una tara en «nuestra cultura sociológica». Perdónanos, Mónica, porque no sabemos lo que hacemos. Muéstranos la recta vía. Pero no uses cifras ni gráficos falsos.

De la tentación de hacerle la autocrítica al votante no se ha librado ni Edmundo Bal, aunque para indignidades, las del PSOE. Y no me refiero a Carmen Calvo, perdida por la calle de Alcalá con los berberechos apoyaos en la cadera. El maltrato a su candidato, Ángel Gabilondo, ha evidenciado la crueldad y la cobardía de Sánchez y Redondo. Ahora quieren echar del partido a Leguina y a Redondo Terreros. No pararán hasta enterrar la socialdemocracia y la decencia