El sector turístico se convierte en un inmenso ERTE

PERISCOPIO TURÍSTICO

La pandemia no era una broma. Como tienen acreditado haber dicho Pedro Sánchez, el irresponsable e inútil jefe de Gobierno; el viceportavoz gubernamental, el generador de odio, Echenique, al que este país salvó la vida, el doctor (sic) Simón y un sinfín de voceros progubernamentales, la mayor parte de ellos por precio.

Los mismos que la montaron gorda (¡asesinos, asesinos!) durante la crisis del ébola donde sólo hubo que sacrificar un perro y una infectada que fue salvada por la sanidad pública durante el gobierno de Rajoy, pretenden ahora implantar una dictadura a base de silencio y blanqueo de unos hechos gubernamentales que tienen que dirimir los jueces si entran en lo penal criminal.

El Covid-19 no era una precisamente una broma. Nos encaminamos hacia los 6.000 muertos, a los más de 60.000 contagiados, a la quiebra total del sistema productivo español y a la condena a muerte laboral de millones de trabajadores y, a la vez, de millones de pequeñas y medianas empresas.

Pero como ya hemos escrito en ocasiones anteriores, ningún sector tan diabólicamente apaleado como el turístico. Precisamente en un país que vive básicamente del turismo. Todo se ha caído con estrépito. Con un inmenso estrépito. Las líneas aéreas varadas; los trenes en dique seco; los hoteles cerrados, las playas clausuradas.… Así hasta el infinito.

No tengo ni idea cómo será el devenir futuro. Nadie la tiene ni pueda tenerla. Si se la explica el Gobierno ya saben dónde deben echar sus peroratas. Están desnudos, no saben por dónde les da el aire…Un Gobierno construido para repartirse el pastel público entre socialistas y comunistas…Incapaz de tener una sola idea brillante y mucho menos para la gestión. Era un Gobierno para la política baratilla y de rastrillo, para el cachondeo y la fiestuqui. Ahí tienen el resultado.

Creo, sinceramente, que debemos creer, sin embargo, a los grandes profesionales del sector turístico español. Y a sus grandes emprendedores. Unos y otros saben en la actual hora que habrá que volver a empezar de cero, eso sí, contando con una brillantísima experiencia de casi ochenta años que situó a España al frente del turismo mundial.

Hoy, tras unos años extraordinarios, el sector es un erial. Hay miedo, incertidumbre, acojone, angustia, melancolía. ¿Se puede salir del averno? ¡Claro! Ya lo hemos hecho en otras ocasiones. Pero para ello hay que afrontar la realidad, justamente lo que no hace el Gobierno, y saber que la única fórmula que funcionará para el rescate será aquella que aplicó Winston Churchill cuando los bombardeos nazis machacaban Londres: “Lágrimas, sudor y sangre…”.

El pueblo español está demostrando en la gran tragedia que es muy superior a Sánchez, Iglesias, Montero, y toda esa patulea indigna que se creen que son de verdad. Ese pueblo español siempre maldecido a lo largo de su ancestral ciclo vital. Lo último que ha sabido que una empresa china ha chuleado al Gobierno en la venta de los test rápidos. ¡Increíble!

Hay que levantar el sector hotelero; el sector del transporte; el sector de la hostelería; los chiringuitos, las playas, el sector del alquiler, los touroperadores, las casas rurales…¡Todo! Pero todo ello será a cargo de la sociedad civil, los empresarios, los profesionales, los trabajadores…

¡Como siempre!

¡Vamos a ello!

Perdonar cuando pidan perdón, pero olvidar, nunca.

P. D. Al cierre de esta columna nos enteramos que al Gobierno le han timado con los test rápidos para detectar el coronavirus. ¿Quién se ha forrado con una compra “fake”? El Gobierno mantiene en secreto el nombre del “proveedor”…El que calla otorga.

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