Nueve días mal contados nos restan hasta la votación de las elecciones municipales 2019 incluido un día de reflexión. Vaya lío, vaya caos y vaya confusión que nos han creado los trece partidos políticos que acuden prestos y decididos al pastel, con un solo día para que meditemos cual nos conviene, salimos a 1 hora 50 minutos de reflexión por partido, comprenderán que para algunos partidos de conocido prestigio, brillantez y categoría sobra tiempo repasando su historial, pero para otros con tan escaso y fugaz espacio de meditación no hay suficiente. No debo generalizar, por ello personalizo y les confieso que en mi caso, viendo tantas caras conocidas, revueltas con tan distintas y variadas siglas, paso de la confusión al agobio, del zipizape al desasosiego, y de la barahúnda a la olla de grillos. Por ello sigo convencido de que con un día de reflexión no tengo suficiente, es mas con una semana considero que me quedaría corto y menguado de tiempo.
Señoras y señores, considero que este campo político que nos presentan no es serio. Esto se ha convertido en un mercadillo de baratijas que no puede acabar dignamente, no es merecedor de mi confianza, es indecoroso, no adecuado y deshonesto. Aquí hay algo que no funciona correctamente, hay demasiados pretendientes para una sola novia, demasiados alcaldes para los escasos 70.000 habitantes censados. Opino que lo que ocurre es que tenemos un grave defecto en nuestro sistema electoral, hay una enorme desproporción entre la oferta y la demanda y un vacío extremo y profundo en cuanto a la calidad de los ofertantes.

Nos hemos dejado invadir por vendedores ambulantes de políticas y se ha roto el “comercio político” local. Los políticos de siglas errantes han hundido a los políticos de siglas tradicionales, hasta el extremo de tener que acudir a contar los votos con los dedos para conseguir un concejal mas, o lo que es peor, a mezclar las churras con las merinas para obtener un sillón cuatrienal. Con lo bien que estábamos antes, hoy voto a este, mañana al otro, hoy azul, mañana rojo, ayer negro, hoy blanco… y al final siempre acabábamos igual, con similar resultado: Endeudados hasta los ojos, llenos de impuestos, repletos de tasas, de zonas azules, de carriles bici, de comparaciones odiosas y repugnantes (estos son más sinvergüenzas que los otros, los otros eran mas guapos y estos son mas feos, unos robaban más, los otros menos…) pero siempre sabíamos cual era el final, terminábamos las legislaturas acosados por el endeudamiento bancario.
Ahora nuestro problema cuatrienal es mas complejo y de difícil solución, irrumpió el arco iris político, florecieron los chiringuitos de quita y pon y no hay forma de saber como terminará la campaña. Saber, lo que se dice saber, si sabemos, todos acabarán vencedores, todos menos los vecinos; tengo claro que nos tocará si Dios no lo remedia alimentar al rebaño churro-merínico resultante, ganadería que si nos está costando lo inalcanzable, nos va costará lo insoportable. Todo tiene un límite extremo que en mi opinión ya estamos rebasando. Aquí como somos unos de pueblo y otros del “poble” no nos ha llegado la moda, la novedad política, la “titulitis” que hace unas semanas invadió a la casta política nacional, ¿no recuerdan? aparecían títulos universitarios, masters y doctores en todos los despachos políticos, hasta que la mitad de ellos acabaron en las salas judiciales con sello de la Universidad JCI.
La famosa titulitis que antes se llamaba tecnocracia y se uniformaba de forma seria con chaqueta y corbata empleando un lenguaje educado y tradicional, fue barrida por los “descamisados”, la “colitis peluquera” y la “barba ortodoxa”, se uniforman con lazos y en aras de la libertad de expresión, alardean de una falsa igualdad entre políticos y políticas, entre derecha e izquierda, entre independientes y soberanistas, entre extremistas y centristas, entre progresistas y republicanos, entre Memoria Histórica y Memoria Apostolorum y en algunos casos con lenguaje barriobajero, soez y ordinario … Así ha habido cambios que nos transportan a un nuevo concepto de sociedad, incluso los mandatos bíblicos de creced y multiplicaros están cambiando por el diario Sodoma y Gomorra, el ganarás el pan con el sudor de tu frente, ha cambiado del sudor de la propia frente al sudor de la frente del vecino, el concepto de maleantes y gentes de mal vivir por el de violencia machista… incluso la promesa o juramento de cumplir y hacer cumplir las leyes en la toma de posesión de los políticos se ha quedado corta. Alguien olvidó añadir “siempre que no estén en contra de mis intereses personales”.
Todo esto ocurre porque el sentido común que debe regir el diario trabajo en la sociedad ha desaparecido. Por el momento para acceder a una profesión liberal, a la judicatura, al funcionariado, al ejército, a la enseñanza reglada, a los cuerpos de seguridad, hace falta un mínimo de preparación intelectual documentada y superar una serie de pruebas que ratifiquen la idoneidad del cargo a desempeñar. En todas, repito, excepto para acceder a un cargo político en el que solamente se pide ser mayor de 18 años, incluso por lo que estamos viendo puedes acceder aún estando internado en un centro penitenciario. La nivelación entre derechos y obligaciones se ha perdido. El Non Plus Ultra de antaño que Colón redujo a Plus Ultra se ha quedado en Non con estos políticos.
Yo no lo entiendo, por eso cuando sea mayor (voy a cumplir los primeros 80 años de existencia) no quiero ser político, porque vivo desorientado en un laberinto político por el que estoy deambulando sin encontrar la salida. A estas alturas no se dónde está el camino del cielo y dónde el camino del infierno, por ello sigo en el purgatorio de los votantes a la espera de una nueva legislatura. Amén.
José Antonio Corachán Marzal
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