Benidorm.- MANUEL GARCIA GIL EN LA CONFERENCIA DEL FARO

“Los malos momentos vienen solos, la felicidad hay que buscarla”

El pasado martes día 20 de noviembre, el escritor Manuel García Gil, visitó “El Faro de Alejandría Benidorm” con una ponencia muy atractiva.
“La verdad profunda de la felicidad”. Un estado de grata satisfacción espiritual y física.“No hay un camino a la felicidad: la felicidad es el camino” El hombre nace libre, responsable y sin excusas. Este ensayo, no es una  nueva enseñanza, ni un genuino descubrimiento teórico que cambie el devenir de la verdad, es un recordatorio necesario para eliminar del
pensamiento, el ansia viva del vivir, en un sin vivir. (De algunos)
Comenzó la Charla recordando a los asistentes que todos tenemos algo en común: el derecho a ser felices. Tal vez nadie nos lo dijo nunca, pero el propósito de la vida es ser feliz. Muchos intentan descubrir qué es, sin saber que la felicidad no depende del destino ni de los demás, sino de uno mismo, es decir, del propio comportamiento y carácter de la persona,
somos producto de nuestras decisiones. Cada uno es artífice de su ventura.
En las lecciones escolares, no se imparte la materia sobre la felicidad. Por lo tanto nos hemos desenvuelto algo perdidos en este terreno, algunos por mucho tiempo. Hay filósofos que hablan de la negación de la felicidad, condenada al esfuerzo y a la resignación.

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El ignorante nunca está a gusto con lo que tiene y desea las cosas buenas que otros tienen, a veces en su inconformismo se obceca por conseguirlo, pero una vez lo posee, la satisfacción se desvanece en pura envidia. Aspirar o desear las cosas de los demás, es un deseo insaciable que puede hacer daño y cometiendo errores, causando perjuicios irreversibles,
irremediables. Actúa entonces como el sabio que se contenta con su suerte, sea cual sea, sin desear lo que no le pertenece que arruina vidas.
Sigue el ponente con una serie de preguntas que no han perdido su vigencia en nuestros días: ¿cómo apareció nuestra inteligencia? ¿Surgió paulatinamente a partir de las potencialidades de la materia? ¿Responde a un acto de creación divina? Manuel cree que descendemos de alguien superior, porque dice, que la inteligencia es la facultad única y exclusiva del ser humano, y que hay ciertos rasgos que no compartimos con ninguna otra criatura terrestre.
No hay nada más peligroso -afirma- que una persona aburrida
idiotizadamente, sin coherencia ni lógica. El camino del aburrimiento degenera depresión, con frecuencia viene de la mano de una actitud impulsiva de quien está buscando constantemente nuevas experiencias. A diferencia de la felicidad, que promueve la calma, crea un estado de
bienestar, mejora el humor, reduce el dolor, retrasa el proceso de envejecimiento, potencia las funciones del sistema inmunitario, reduce la presión sanguínea… En cualquier caso, la felicidad no está ubicada, es un viaje continuo mientras vivimos.
Disfruta hoy de las pequeñas cosas que te ha dado la vida, antes de que un día, te des cuenta de que eran las más grandes. ¡Abre los ojos! El mundo está lleno de sueños, de caricias, colores, de luz, aprende a exprimirlas y a disfrutar de ellas, son la llave que encaja en la cerradura mágica de la
felicidad. La acción más pequeña vale más que la intención más grande.
Manuel plantea una pregunta, dirigida a los que se excusan diciendo que están contra la pared. A los que en su vida, solo ven nubarrones negros. A los que quieren ser ricos. A los que se quejan que no tienen suerte ni encuentra la felicidad. ¿Qué hacer si las cosas no son, ni ocurren como uno quiere? Por cada minuto que no eres feliz, pierdes sesenta segundos
de felicidad. No saben que, solo se necesita una mesa, una silla, un plato de frutas y un violín. (Albert Einstein).
Durante su intervención, Manuel García, contó algunos cuentos cortos como ejemplo. Después del largo coloquio, el efusivo aplauso merecido.
Gracias Manuel García Gil y hasta la próxima.
«Que todo lo que te llegue sea mejor que lo que buscas, dure más de lo que esperas y te haga más feliz de lo que puedas imaginar”.
María Isabel López Villanueva.

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