Giro a la derecha. Pablo Casado (Palencia, 1981) es, desde este sábado, el nuevo presidente del PP y futuro candidato del partido a La Moncloa. La organización ya ha confirmado su victoria, aunque falta precisar los resultados definitivos del escrutinio. El vicesecretario se ha impuesto a su rival, Soraya Sáenz de Santamaría, después de sumar a su candidatura a los aspirantes que no pasaron el primer corte de las primarias: María Dolores de Cospedal, José Manuel García Margallo, José Ramón García Hernández y Elio Cabanes. Su victoria anticipa un viraje hacia la derecha: durante la campaña, Casado ha propuesto medidas como regresar a la ley del aborto de 1985 (de supuestos) y convocar una convención específica sobre principios y valores para rearmar ideológicamente al partido. “Tenemos que ser todo a la derecha del PSOE”, declaró en una entrevista a EL PAÍS. «No puede aspirar a liderar el partido alguien que no está orgulloso de su pasado. Yo lo estoy de José María Aznar, de Mariano Rajoy y de Manuel Fraga», ha dicho hoy en su discurso ante los compromisarios, tras defender «sin complejos» políticas conservadoras sobre «la vida y la familia».

A sus 37 años, Casado fue jefe de gabinete de José María Aznar durante dos años y vicesecretario de comunicación con Rajoy durante casi tres. Ha logrado atraer al que en su día parecía el heredero natural de Rajoy, Alberto Núñez Feijóo, aunque este no manifestó públicamente su apoyo directo. Era el candidato al que Esperanza Aguirre votó “con toda la ilusión” en la primera vuelta, convencida de que suponía el regreso a los orígenes y el fin de lo que ha diagnosticado como “indefinición” ideológica del PP. En definitiva, consuma la victoria del aznarismo sobre el marianismo, más centrado, que representaba Sáenz de Santamaría.
Rechazó hasta el último minuto integrarse en la lista de la ex vicepresidenta pese a que desde esa candidatura insistían en que esa actitud suponía profanar el mantra del “que gobierne la lista más votada”, al que el PP se ha agarrado para luchar contra la pérdida de gobiernos municipales y autonómicos. Cuando le acusaron de fomentar “pactos entre perdedores”, en alusión a los descalificados en la primera vuelta, explicó que las normas que se habían dado eran elegir al sucesor en una doble vuelta y él quería jugar “hasta el final” del partido. Temía las maniobras de Soraya, con un control algo mayor del aparato del partido de la mano de barones como Javier Arenas para convencer a los compromisarios entre bambalinas. Pero tenía opciones, como ha demostrado este sábado, en un discurso que levantó varias veces al público de las butacas.
Durante la campaña fue hábil y agresivo. Fue el primero en ir a visitar al talismán, Alberto Núñez Feijóo, con el que todos los candidatos querían hacerse una foto por ser el sucesor favorito antes de que decidiera retirarse en el último minuto. Pidió un debate de ideas con su rival que nunca llegó a producirse: la exvicepresidenta creía que ese enfrentamiento público entre compañeros perjudicaría al PP y el comité organizador tampoco mostró especial entusiasmo por la iniciativa. “La soberbia no hace ganar congresos, pero sí perder elecciones”, le dedicó Casado cuando esta argumentó que “personalmente” le vendría muy bien debatir con su contrincante “para contrastar la experiencia de cada uno” pero a su vez se negó al debate pensando en el interés del partido.
Casado no ha dudado en mostrar un perfil ideológico claramente conservador en asuntos como la eutanasia, el aborto y la familia, y ha subrayado una y otra vez el discurso antisoberanista. Criticó durante la campaña Operación Diálogo de su rival, sabiendo que, por extensión, suponía criticar también la gestión de Mariano Rajoy, que este viernes se reivindicó en su discurso. Rechazó que “ser mujer” fuera “un mérito” o un “argumento electoral” y esa es la opinión que se ha impuesto en el congreso del PP.
Le debe favores a los exministros del Gobierno que se posicionaron en contra de su antigua compañera de gabinete (Isabel García Tejerina, José Manuel García-Margallo, José Manuel Soria, Rafael Catalá, María Dolores de Cospedal, Juan Ignacio Zoido…) y al equipo de campaña que se ha dedicado a hacer “barridos” para saber, compromisario a compromisario, con cuántos apoyos contaban, como Teodoro García.
Ha prometido integrar a partir de ahora a Sáenz de Santamaría y parte de su equipo. Pero no será fácil. Como decía un miembro de su campaña, “ha habido matarifes en los dos bandos”. Las primarias han aflorado fisuras en el PP, convertidas en brechas tras un cruce de declaraciones subidas de tono. El ganador tiene un objetivo claro a largo plazo: recuperar terreno ante la pujanza de Pedro Sánchez de cara al apretado calendario electoral de los próximos meses. Pero, a corto, la meta es coser un partido que ya no parece ese bloque uniforme e inexpugnable de otras épocas.
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