SI HAY MAS MUJERES QUE HOMBRES¿PODEMOS DECIR CONSEJO DE MINISTRAS?
Gobierno de Pedro Sánchez será el primero de la democracia española con más mujeres que hombres. Y el único con un astronauta. En el momento de escribir estas líneas, había 13 ministros confirmados: solo tres de ellos eran hombres.
Pero aunque haya mayoría de mujeres, según la norma de la Real Academia Española, debemos decir “los ministros del Gobierno” y no “las ministras del Gobierno”.
En su web, la institución explica que “es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto. Así, los alumnos es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones”. Es decir, aunque solo hubiera un ministro, seguiría siendo el Consejo de Ministros y no de Ministras.
Esto es lo que dice la norma, pero en opinión de María Luisa Calero, catedrática de Lingüística de la Universidad de Córdoba, hablar solo de “los ministros” invisibiliza el hecho de que haya mujeres. Ella recomienda usar “en algún momento, no todo el rato”, expresiones como “ministros y ministras”, “los y las ministros”, “los ministros y ministras” e incluso “las ministras y ministros”.
Se suele decir que esto atenta contra la economía del lenguaje, pero Calero recuerda que “cuando se añade un artículo no se pierde tanto tiempo”. En su opinión, estos y otros métodos, como usar el femenino también como genérico (cosa que ya se hace en algunos ámbitos), son “recursos que los hablantes utilizan para reflejar una realidad que ha cambiado”.
Es decir, como nos explicaba Calero, son los hablantes quienes están buscando soluciones para poder hacer referencia a este cambio social, y serán ellos (¿ellas?) quienes decidirán qué fórmulas tienen éxito. También conviene recordar que la RAE da recomendaciones y no impone leyes: su función consiste en gran medida en recoger y registrar el uso que hacen los hablantes.
Muchos de estos recursos nos suenan todavía extraños, pero tampoco podemos olvidar que hace décadas a muchos también les sonaba rarísimo hablar de ministras, alcaldesas, juezas y presidentas. O de azafatos y modistos.
¿Pero hace falta?
La RAE no acepta ni siquiera desdoblamientos como en “ministros y ministras”, al considerarlos “artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico”. La mención del femenino solo se recomienda cuando es relevante en el contexto, como en el ejemplo “el desarrollo evolutivo es similar en los niños y las niñas de esa edad”.
En respuesta a Verne, la institución nos remite a un informe elaborado por el académico Ignacio del Bosque en 2012 (publicado también en EL PAÍS). Este académico admite que hay machismo en la sociedad y que es necesario extender tanto la igualdad como la visibilidad de la mujer. Pero opina que “el uso no marcado (o uso genérico) del masculino para designar los dos sexos está firmemente asentado en el sistema gramatical del español”.
Para Del Bosque, estas fórmulas se alejan del lenguaje cotidiano y pueden conducir a expresiones cada vez más artificiales. Además, tampoco cree que el reflejo del sexismo en la lengua tenga consecuencias reales “en la conciencia lingüística de los hablantes”.
Sin embargo, a menudo se dan casos en los que el masculino solo es “aparentemente genérico”, como explica la profesora de la Universidad de Sevilla María Márquez en su libro Género gramatical y discurso sexista. Es decir, en muchos ámbitos estamos acostumbrados a usarlo de este modo debido a que los hombres eran los únicos que ocupaban gran parte de la esfera pública, por lo que la lengua “ha estado al servicio de una ideología que ha ocultado a la mujer”. Vemos normal hablar de “ministros” porque tradicionalmente todos (o casi todos) han sido hombres, de manera parecida a cómo seguimos usando más a menudo la forma “enfermeras” que “enfermeros”.
Es normal que surjan dudas e incluso que se cometan excesos lingüísticos, pero Márquez recuerda que estos cambios “siempre obedecen a necesidades expresivas de los hablantes, que pueden ser funcionales, sociales, culturales o estéticas, pero nunca son azarosas o caprichosas”.
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