Leido en «El Mundo»

Coepa y la puta Valencia

  • BENIGNO CAMAÑAS

Actualizado 08/12/201509:47

Resulta que la organización de los empresarios alicantinos, Coepa, tiene problemas económicos y culpan a Valencia, a la puta Valencia para ser exactos. Como estoy incluido en Valencia palpo mi cuerpo a la búsqueda de la parte que causa los males, pero no encuentro motivo. Será que como tengo casa en Alicante soy un híbrido. No llego a meretriz. Intranquilo llamo a amigos y conocidos valencianos para averiguar quién causa los males alicantinos, pero lo único que logro es que se preocupen por mi salud mental.

El problema es que nadie salva de la quiebra a los empresarios, así que al final caigo en que quieren subvenciones. Lo clásico, vamos. Luego el culpable es el conseller de Economía que no se las da, pero es de Alicante. Nadie grita puta Alicante, así que la culpa será del conseller de Hacienda, que es valenciano, pero está bramando contra el puto Madrid que no le da financiación. Mejor lo tacho. Por elevación apunto al presidente Puig que es de Castellón, pero tampoco hay quien grite puto Castellón. La culpa debe ser de Madrid.

Unos colegas me explican que la quiebra de Coepa se produce al construir un edificio para formación profesional, que cabe suponer tendría un plan de negocio. Bueno, negocio tuvo al menos para los miembros de la dirección que cobraron generosamente por las obras. Para aclarar las ideas: unos empresarios toman una decisión errónea, cometen equivocaciones con las que unos directivos se lucran mientras se arruina su organización y la culpa es de otros. Caramba, como los nacionalistas catalanes: la culpa es de Madrid o de la puta Valencia. Lo mismo que pasó con Terra Mítica, que perdía dinero bajo gestión pública y malvendida a unos empresarios genera beneficios. O la ciudad del cine, que tras una inversión mil millonaria se desguazará a bajo precio. O la Marina de Valencia que cede a precio irrisorio el emblemático edificio Veles e Vents a Heineken, y tiene vacíos los amarres mientras se saturan los de los nuevos puertos de Barcelona. Incapaces de rentabilizar la instalación también acabarán malvendiéndola. Entre malos gestores y defraudadores anda el juego. Eso sí que es una putada. Así de simple.

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