Dicen que cuando Orson Welles vio por primera vez a Rita Hayworth sintió, por un momento, un gélido cosquilleo; el tiempo se detuvo y supo que esa sería la misma sensación que experimentaría cuando entrase en el paraíso.
¿Quién no ha sufrido alguna vez idéntico escalofrío? ¿Quién no ha extraviado su mirada en la línea del horizonte que se pierde a través de esta pequeña bahía del levante español, donde nacen las mejores playas urbanas del sur de Europa? ¿Quién no ha pensado, sentado en la arena, en una tarde de otoño y a solas con sus pensamientos, que uno no valora lo que tiene hasta que un día lo pierde?
Es fácil adivinar que me refiero a las playas de Benidorm. Y esa es la visión figurada que tengo de esta ciudad: Rita cantando «Put the blame on Mame» quitándose suavemente el guante derecho, enamorando a medio mundo y asombrando a la otra mitad. Pero sucede que a nuestra musa, a nuestra Rita (Hayworth, no Barberá) la hemos arrastrado por todas las mancebías desde El Paso a Ciudad Juárez. Teníamos a la mujer más bella de la faz de la tierra y hemos abusado tanto de ella que hoy no es más que una mal maquillada sombra de la sombra de lo que un día fue.

Y lo que viene, querido benidormense, es peor. El panorama apunta a sol y moscas. Ninguna subvención a nivel estatal, autonómico o provincial. Nuestro paraíso se convierte rápidamente en un chiringuito de papel pintado y aquí no querrá pisar ni Orson Welles (cineasta) ni tampoco Welles Orson (anónimo inmigrante angoleño). No somos municipio turístico (nominación que sí decora el nombre de lugares como Catral o Santa Pola) privando a Benidorm de ingresos anuales de más de un millón de euros. El fastuoso centro cultural del municipio (Avenida de Europa) derruyéndose paulatinamente en el óxido de sus armaduras. La Avenida de Europa y la del Mediterráneo degradándose día a día. Una escena urbana que no puede mantenerse. Limpieza y Seguridad, no saben no contestan. Un Ayuntamiento con arena en los bolsillos…, y algunos cangrejos. Ciento veinte millones de euros de deuda, y subiendo. Nadie, salvo nosotros mismos, nos va a salvar.
Así que es tiempo de iniciativas y no de taparse bajo una manta cada vez más agobiante. Les contamos. Benidorm gestiona 15 millones de pernoctaciones al año (entre alojamientos hoteleros, apartamentos turísticos y campings). Si Benidorm implementase una tasa turística municipal por importe de 0,20 euros (20 céntimos) por noche, Benidorm obtendría unos ingresos anuales de 3 millones de euros. Nada que no esté inventado. Se aplica en Barcelona con una tasa de entre 0,75 y 2,5 euros por noche (según la categoría hotelera de la pernoctación) aportando pingües ingresos a la ciudad, que revierte en beneficio para sus habitantes. En el caso de Benidorm, éste es el plan:
Tres millones de euros al año en recaudación directa por tasa turística municipal que no pagarán sus ciudadanos, sino los turistas que pernoctan en la ciudad. Un millón de euros al año como reporte por ser Municipio Turístico. Una cantidad equivalente a las anteriores como consecuencia indirecta del incremento de inversión y financiación que la garantía financiera de la tasa turística proporciona. Férreos y estrictos mecanismos de control tanto del sistema de recaudación de la tasa como del gasto público del ingreso generado por los tres conceptos anteriores: Infraestructuras, limpieza y seguridad. Nada más. Plan anual detallado y sostenible para el incremento de las pernoctaciones cada año cimentado en una ciudad que potencia su atractivo turístico con inversión real de lo recaudado. A más pernoctaciones, mayor recaudación, mayor inversión pública, mayor crecimiento, y vuelta a empezar en un ciclo sin fin que redunda en beneficio de los turistas y, por osmosis, en nosotros, sus ciudadanos, el auténtico interés general. En 5 años le damos la vuelta a Benidorm. El turista verá, cada vez que vuelva, una ciudad mejor, más nueva y más convenientemente mantenida año tras año. Ningún turista dejará de venir por un incremento de 0,20 euros en el coste de unas vacaciones que lleva un año planeando. Sin embargo, muchos turistas volverán a un Benidorm que vuelve a ser referencia de diversidad, ocio y magia. Y otros nuevos se incorporarán buscando el paraíso del que se hablará de nuevo.
Sabemos que esta propuesta, formulada así, públicamente, desencantará a muchos. Especialmente a quienes les interese (ellos ya se darán por aludidos, ya verán) el mantenimiento de un estatus quo que degrada y arruina progresivamente el interés general en beneficio económico de unos pocos. Blandirán agresivos la espada de la burla y del desdén, y tratarán de reducir con desprecio nuestra propuesta a una ensoñación fraguada en nuestra inexperiencia política y turística. Con dos bravatas y desautorizados (si no inventados) argumentos de autoridad tratarán de guardar en el cajón del olvido nuestra tonelada de buena intención convertible en progreso y sostenibilidad. Pero, ¿sabe qué, estimado lector del paraíso llamado Benidorm? Nos importa un comino la crítica destructiva e interesada. Y nos importa menos todavía (y mire que un comino ya es poca cosa) quien la usa en su propio beneficio; la crítica y la ciudad, queremos decir.
Nos importa Benidorm. Nos importa que sepamos valorar de verdad a Benidorm antes de perderlo. Y nos importa sentarnos en la arena de una de sus playas y sentir un gélido cosquilleo. Ese que se produce justo antes de que el tiempo se detenga.
Quizá, después de todo, podamos hacer que Rita Hayworth llegue alguna vez a Benidorm. Y al parecer, créanos, sólo cuesta 20 céntimos. ¿Acaso Benidorm no los vale?
Jaime Zaragoza, Fco. Javier García y César Revenga.
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