
Se veía venir. Sacyr es una compañía que, al amparo de distintos gobiernos, fué subiendo como la espuma. Incluso intentó opar nada menos que al BBVA. Como no pudo, optó por hacerse con un gran paquete de Repsol. La jugada le salió mal, ya que al hundirse el mercado inmobiliario y con él la bolsa, se encontró no con un gran paquete de acciones de Repsol, sino con un plastón, ya que los dineros que debía a los bancos la tenían ahogada. Se lanzó a la aventura del concurso de ampliación del Canal de Panamá, con una buena propuesta técnica, que para eso somos de los mejores, pero la oferta económica era claramente arriesgada. De hecho, era bastante inferior a la de los otros concursantes, que no eran tontos, y a lo previsto por la Autoridad del Canal.
Querían enderezar su asfixia económica y al final el agua está a punto de ahogarlos. Si hay algo sagrado para los Panameños es el Canal. Es como las playas de Benidorm para los Benidormenses: es su tesoro.
Si consiguieron que los Estadoudinenses se retiraran de la zona del Canal, no me cabe la más mínima duda de que Sacyr no va a conseguir lo que tan fácil le habrá resultado en muchas de sus obras en España.
Los panameños no tragarán. Pagarán lo justo y gracias. La política de las » ñapas » no va a funcionar en Panamá. Esos modificados de los contratistas nos ha costado a los españoles más de 40.000 millones de euros en los últimos años. Una sinvergonzonería con la que hay que terminar de forma radical. Encima, algunos dejan el nombre de España por los suelos. País, que diría Forges.
Francisco Javier Reverte Lledo
Debe estar conectado para enviar un comentario.